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10 junio 2007

La otra orilla

Ante todo disculpas a los lectores (en especial a los comentaristas que preguntan dónde está “la otra orilla”) y a mi compañero de fatigas por mi silencio. No me he caído de un cocotero, como Keith Richards, pero razones de salud y mis obligaciones profesionales me han impedido dedicarle tiempo a los pensamientos oceánicos.


De la otra orilla, poco que comentar, Iván el Sabio ha resumido perfectamente el pensamiento yanki tras la matanza de Virginia: los desgraciados estudiantes murieron porque no llevaban armas para liarse a tiros como John Wayne, no porque un chiflado que compró su arma en una tienda de ultramarinos les disparase...


Desde aquello, no parece que la actualidad se haya movido mucho por allá, si exceptuamos que Paris Hilton está en la cárcel. Por acá también hemos tenido a la Pantoja en el trullo, aunque de momento está en la calle de nuevo bajo fianza. Será el diálogo transatlántico del que tanto le gusta hablar a Ansar.

En el trullo tal vez acabe también el teletubby gay...en esta orilla europea tenemos un rebrote de persecución contra los homosexuales, particularmente en Polonia, donde los retrógrados gemelos Kaczynski (que ocupan la presidencia y la vicepresidencia del Gobierno) lideran una cruzada por las “buenas costumbres” (incluida la persecución política contra todo el que se menee...). La portavoz polaca de los "Derechos del Niño", Ewa Sowinska, ha solicitado a “expertos” de su departamento que analicen si la famosa serie televisiva infantil de los Teletubbies fomenta la homosexualidad. La polémica ha surgido –no se lo pierdan- debido a que uno de sus personajes, Tinky-Winky, es morado y lleva bolso de mujer. En caso de que se confirme la perniciosa “pluma” del citado personaje, el gobierno polaco ha amenazado con retirar la serie de la pequeña pantalla.

Es tremenda esta preocupación por el efecto en los niños que pueda tener la homosexualidad. En España, las iras de la Iglesia contra las reformas aprobadas por el gobierno socialista que equiparan los derechos de los ciudadanos en materia de matrimonio y adopción con independencia de su orientación sexual han disminuido un poco (tal vez se han dado cuenta de que su líder político, Mariano, no es precisamente un ejemplar de “macho man”). Pero lo cierto es que esa fobia a lo homosexual es bastante enfermiza en la jerarquía católica y en los conservadores: como todo el mundo sabe, la homosexualidad se ha desarrollado en dos centros de los que las mujeres (o los hombres en el caso de los conventos) fueron excluidas: el ejército y los monasterios. Y los muy cernícalos, soldaditos y frailes, abanderan ahora la lucha por atacar sus propias tentaciones carnales... Primero, que el matrimonio (como concepto inmutable en sí mismo por los siglos de los siglos) no puede predicarse de dos hombres o dos mujeres. Claro. Aquello de las manzanas y las peras que decía la sabia Ana Botella. ¿Y el divorcio? ¿Eso no desnaturaliza el “matrimonio”? ¿Y la poligamia, admitida por varias religiones? Lo mismo pasa con la adopción de niños por homosexuales. El personal se empeña en preocuparse por la salud mental de los niños que van a ver a sus padres/madres fornicar sin parar con otra persona del mismo sexo. Primero, hay homosexuales que nacen de padres heterosexuales. Segundo, y más importante, yo no sé ustedes, pero la historia de mi infancia no fue una escena porno continuada de mis padres...me imagino que las parejas del mismo sexo no se pasan el día chuscando-dale-que-te-pego delante de los niños...Esa visión se debe más bien a que los intolerantes tienen la mirada sucia y sólo piensan en el sexo (lo cual no es de extrañar, tanta represión no genera nada bueno).

Todo esto por el bolso de mano y el color violeta de Tinky-Winky. Menos mal que la Comisión Europea, ese ente de gobierno europeo desconocido que últimamente no encuentra el Norte, ha salido a la palestra a defender la libertad de expresión. Si gana el PP las elecciones generales, ya sabéis: los próximos en ir al trullo serán...Epi y Blas o Zipi y Zape (estos últimos no por “maricas” sino por ser afines a “ZP”).

Tony Fernández

26 abril 2007

Don´t ask, don´t tell - 25.04.07


La verdad es que no debería estar escribiendo esto, y lo digo por un motivo totalmente egoísta: mis exámenes empiezan dentro de 48 horas. Sin embargo, desde la masacre de la Universidade de Virginia Tech sentía que la pelota estaba en mi tejado. Alguien ya me ha preguntado como se vivía el tema desde aquí. La respuesta es obvia: mal. Hasta que se entierre la última víctima, se entreviste la primera novia del asesino Cho (descrito por los medios de comunicación como un "nonresident alien", pese a que se había criado en Washington) o se reconstituya el último detalle de la matanza, CNN, Fox News y los demás informativos no dejarán de escarbar en la historia. Personalmente, no me parece mal. A alguno le parecerá exagerada la cobertura y los minutos de silencio en los partidos de béisbol, y con razón (Tony incluso podría recordar que mucha más gente muere a diario en Irak), pero quizás lo más inhumano es considerar lo ocurrido como algo banal. Esto lo puedo entender. Además, es hablar de esto o de la paternidad de la hija de Anna Nicole Smith - y lo de Anna Nicole, con el perdón de Martial, ya es insoportable.

Pero lo que me ha llamado más la atención no es el espectáculo creado alrededor de víctimas y asesino, sino la discusión acerca de los motivos de la tragedia. Por un lado, están los que consideran que Cho era un perturbado (en efecto, su historial médico era impresionante) y un inadaptado (los xenófobos se ceban en su origen asiático), y que la responsabilidad debería recaer sobre la universidad, que no logró alejar a semejante individuo de las aulas. El segundo debate es sobre la seguridad de los campi en Estados Unidos. Si Cho ya había matado dos personas dos horas antes de perpetrar su acto final, ¿cómo se explica que los servicios de seguridad del campus no hayan suspendido las clases? Dicho debate viene teniendo grandes repercusiones: muchas universidades (incluida NYU) se han apresurado a avisar a los alumnos que ellos invierten toneladas de billetes en seguridad, y que tienen planes de emergencia contra toda clase de psicópatas y fenómenos de la naturaleza. Es decir, si nos viene encima Freddy Krueger o un Tsunami, estaremos protegidos. El resultado probablemente será que habrá más seguratas por aquí (todos empleados de empresas de seguridad privadas, desde luego).

Y ya está. Ahí tenéis el debate. Pero ¿no se habla de las armas? La respuesta es que no. No se habla de como Cho pudo comprar pistolas semiautomáticas en una tienda. No se habla de que una pistola Glock (con la que Arnold Schwarzenegger enfrentaba el mismo demonio en la olvidable película de acción Fin de los días. Frase de la película: "Between your faith any my Glock nine-millimeter, I'll take my Glock") es un arma de asalto para uso militar. No. Pese a que alguien ha querido preguntar cómo un loco ha podido hacerse legalmente con un arma así, todo intento de desviar la atención del "verdadero" debate (el debate acerca de cómo un inmigrante asiático con problemas mentales podía estar en la universidad y de cómo los servicios de seguridad del campus no lo "neutralizaron" a tiempo) ha sido interpretado como una falta de respeto hacia las víctimas. El dolor primero... después, cuando la historia ya no sea noticia, ya se hablará de las armas. En la página web de la infame National Rifle Association, principal lobby de la industria armamentística en EEUU, ya se pide que los demócratas dejen de "explotar la tragedia"...

Otros van más lejos. La asociación "Gun Owners of America" (http://www.gunowners.org/pr0704.htm) pide que los estudiantes y profesores puedan llevar armas a los centros educativos. La lógica es aplastante: de haber habido más armas dentro de Virginia Tech, Cho habría matado a algunas personas, sí, pero seguramente algún otro estudiante o profesor se lo cargaría antes de matar a 32... En estados punteros como Utah ya se permite que la gente lleve armas a todas partes y jamás (según la asociación) ha habido ningún caso como el de Columbine o Virginia Tech...

Pero que se sepa que Estados Unidos no es un cachondeo: por ejemplo, Borat (el personaje kazajo interpretado por el humorista Sacha Baron Cohen en la película homónima) no pudo comprar armas en Texas. No me ha quedado claro si no las pudo comprar porque no tenía su residencia legal en EEUU o si era porque no tenía un Social Security Card. Lo averiguaré. La semana que viene saco mi SSN, e intentaré adquirir algo por internet (hay tiendas virtuales que hacen con que el Corte Inglés parezca un rastrillo de Mataró). Igual si tengo una Glock puedo pasar olímpicamente de tener fe - en ese sentido, considerando que el papa Ratzinger ha recordado al mundo católico que el Infierno está ahí, igual hago un buen negocio.

P.D. Algunos profesores también apoyan la idea de llevar armas a las clases (igual las necesitan para que los alumnos les hagan caso). Mirad la historia que publica el Boston Globe (http://www.boston.com/news/globe/city_region/breaking_news/2007/04/fired_professor.html). Es una historia divertida.

Iván Rabanillo

04 abril 2007

Ejpain en Primera - 4.4.2007

El otro día nuestra amiga Sara nos envió un mail llamando nuestra atención para el comentario que hacía la crítica del NY Times acerca de la exposición "Facing Fascism: New York and the Spanish Civil War", en el Museo de la Ciudad de Nueva York.

Casi siempre, todo lo que sale en el Times sobre España es de una ignorancia folclórica acerca de España. Por lo general, los artículos son escritos por algún yanqui que se pasó con la sangría o que quizás leyó el Homenaje a Cataluña de Orwell en la adolescencia (ambos, naturalmente, son pecados de juventud). Siempre nos reímos de ello, con mayor o menor grado de cabreo. Por ejemplo, el famoso artículo en el que decían que Madrid era provinciano no nos ofendió, ya que había salido uno sobre Barcelona un mes antes que dejaba la ciudad genial. Pese a que ya he perdido la nacionalidad catalana (al final, ni vivo ni trabajo en Cataluña, y no soy del Barça, para más inri), sigue pareciéndome gracioso que alguien se ría de la megalópolis gallardoniana.

Ejemplos:

1) El pasado 11 de febrero, sale en el Times un artículo titulado "Spain Says Adiós Siesta and Hola Viagra" (http://www.nytimes.com/2007/02/11/world/europe/11spain.html?ex=1328850000&en=990713b8ac0bbbf9&ei=5088&partner=rssnyt&emc=rss). No quiero entretenerme demasiado describiendo los detalles del artículo, pero basta con decir que el primer párrafo decía que hace algunos meses un hombre entró en una farmacia de Madrid, sacó dos pistolas de juguete y dijo a los dependientes que le dieran todo el Viagra que tuvieran. Dos horas más tarde, en lo quizás sería un gesto de gratitud, el mismo hombre volvió a la farmacia con dos ramos de rosas. Fue detenido.

Me ha parecido extraordinario enterarme por el NY Times de una noticia que igual habría salido en los diarios gratuitos que se distribuyen en el metro. Vaya nivelazo. Profundamente representativo del hecho de que los españoles estamos (más bien "están", que en estos casos reivindico mi nacionalidad brasileña) cansados de ser unos pichas flojas.

2) En el artículo "Leader pushes Spain to left, rejecting calls to slow down"(http://travel.nytimes.com/2006/12/13/world/europe/13spain.html), ZP es puesto al mismo nivel de Chávez, Fidel y otros comunistas peligrosos que amenazan la seguridad de la pobre gente que lo único que desea de la vida es una hipoteca a 40 años. Me ahorro las descripciones de las barbaridades cometidas por ZP (reconocer los derechos de homosexuales, meterle caña a la sacrosanta madre Iglesia), pero me quedo con la gente entrevistada por el reportero. En teoría, un reportaje debería recoger una opinión en contra, otra a favor y una tercera neutral. Ya. Pues aquí tenemos que la opinión en contra era de Ignacio Astarloa (descrito en el reportaje como uno de los miembros (sic.) más influyentes del PP). La opinión neutral era de un cierto Emilio Lamo de Espinosa, "a founder of the Elcano Royal Institute" (¿alguien conoce a esa gente?), y que se suscribía a las tesis aznarianas de la balcanización de España. Finalmente, la opinión pro-ZP era de un tío que no quiso identificarse (el reportaje hacía hincapié en que sólo hablaba bajo la condición de permanecer anónimo) y que decía que ZP "no era un "leftist" (¿podríamos traducir el término como "izquierdoso"? Joder, si en EEUU un "liberal" es un tío de izquierdas, "leftist" es Kim Jong Il), sino que un demócrata radical".

Tras este artículo, creo que una de las prioridades del Ministro Moratinos sería la inclusión de España en el eje del mal. Como diría Aznar, debemos jugar en Primera. Como el Valladolid, que va a ascender a la Liga de las Estrellas, ¡y con dos cojones! (que conste que soy hincha del Pucela).

3) Finalmente, el artículo sobre la exposición sobre el fascismo (http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9C04E4DA1530F937A15750C0A9619C8B63&sec=&spon=&pagewanted=print). Para gracia, me quedo con las palabras de Sara, que lo presenta como "Como confundir el tocino con la velocidad, según el New York Times", y llama la atención para el párrafo en el que se dice que "la visión tiránica de Franco jamás llegó al nivel de los planes locos de Hitler o de la empresa demoníaca de Stalin, lo que podría citarse como uno de los motivos de la fácil transición de España a la democracia tras la muerte de Franco". Me faltan las fuerzas para celebrar semejante rehabilitación histórica de la memoria del Caudillo... ¡Y en el NY Times! Sin palabras propias, me quedo con las de Sara "y cómo hablar de algo sin tener ni P... idea de lo que es mantener a un país bajo una dictadura 45 años...".

Visto lo visto, creo que en muy poco tiempo El Mundo será un diario que estará codo con codo con el Times. Hoy por hoy, no veo mucha diferencia...

Iván Rabanillo

06 marzo 2007

À la recherche de Erik Loomis - 06.03.2007

Antes de Navidad, cuando ya llevaba más de 4 meses en Nueva York, se produjo mi primer encuentro con Eric Loomis. El encuentro fue de lo más banal e inesperado: como todas las mañanas, abrí la puerta del apartamento para recoger el New York Times de cada día (suelo hojearlo durante el desayuno). Y, para mi sorpresa, delante de mí había no sólo uno, sino dos ejemplares del Times. Los recogí del suelo, y acto seguido empecé a analizar el segundo ejemplar: iba dirigido a un cierto Erik Loomis, y tenía mi dirección de correo.

Más tarde, bajó María a la recepción para informar al portero (el infame Mike García) que habíamos recibido un periódico que no era nuestro, y que seguramente sería de alguno de nuestros vecinos. García, con su habitual cortesía, le informó que en el edificio no vivía nadie llamado Loomis. María no supo decirme si la respuesta de García fue de que Erik Loomis no vivía aquí, o si dijo que Erik Loomis jamás había vivido aquí – al final, cualquier diálogo con García nunca suele durar más de 5 segundos, y en los últimos 4 te estás alejando para no ser abroncado... Dejamos el diario de Loomis en el pasillo, por si algún vecino lo quisiera recoger.

Como en el cuento de Monterroso, cuando me desperté la mañana siguiente, el diario de Loomis seguía allí. Pero ya no era el mismo periódico: ya era la edición del día siguiente. Intrigado, pensé que Loomis habría cometido un error al suscribirse al periódico: la dirección era la misma, pero pudo haberse equivocado de código postal, y que su Mercer Street sería una calle homónima en Brooklyn, Queens o Bronx. Pero resulta que no hay otra calle Mercer en Nueva York... Lo que estaba claro era que Loomis se había suscrito al Times muy recientemente – de lo contrario, no tendría mucho sentido que sólo hubiese recibido el diario por aquél entonces. Era un misterio... Pero terminé por concluir que Loomis se daría cuenta de su error (al final, el Times le cobraría por la suscripción, y Loomis les llamaría para informarles que jamás había recibido el diario), y que en pocos días los periódicos dejarían de llegar.

Pero no. Los periódicos de Loomis siguieron llegando. Día tras día. El domingo, montañas de papel se acumulaban a la entrada de mi apartamento. Y precisamente en un domingo tuvimos la idea – ¿y si cambiásemos nuestra suscripción para sólo recibir el Times durante el fin de semana? La verdad es que durante la semana se nos hacía complicado leer el Times, y mientras llegase el periódico de Loomis (cosa que no podría durar para siempre), disfrutaríamos de las ventajas económicas de tener un diario gratis...

En aquél momento, no pensamos que nos estábamos aprovechando de Loomis. No, teníamos previsto cancelar nuestra suscripción con o sin el diario de Loomis, y aunque Loomis nos había forzado a adoptar dicha decisión antes de lo previsto, no se nos podría reprochar absolutamente nada... Era lo que decíamos. Sin embargo, la idea de que cometíamos un acto de dudosa moralidad siguió rondando nuestras mentes. Incluso habíamos pensado en escribir al propio Times (de manera anónima) relatando nuestra experiencia.

En el dominical del Times, hay una sección llamada “The Ethicist”, en la que yanquis superobsesionados con ser éticamente correctos dan la lata al pobre articulista. Sin ir más lejos, en el último fin de semana una mujer decía que su marido se había hecho con un aparato que bloquea la señal de los teléfonos móviles de la gente que le molesta (por ejemplo, si iba por la calle y una persona chillaba al móvil, este “Phone Ranger” activaba su gadget y cortaba la llamada del transeúnte). Pensamos que nuestra historia sería muy divertida y que seguramente la publicarían. Al final, no es frecuente que los problemas éticos se los plantee gente que se está aprovechando del propio Times... Pero al final, decidimos no hacerlo. Y el diario de Loomis siguió llegando.

Aplicando mi propia consciencia moral, he decidido adoptar la siguiente actitud: 1) no cancelar mi suscripción del Times (algo tendría que seguirles dando); 2) que no tenía sentido alguno que mantuviera la suscripción del fin de semana. Me cambiaría a la suscripción más barata – la del domingo. Y así lo hice. Puedo decir que esta decisión garantizaba mi paz de espíritu y un sueño tranquilo (aunque viviendo en la segunda planta, al lado de Broadway, difícilmente pueda tener un sueño tranquilo).

Hasta que un día, abro el buzón de correo y encuentro un ejemplar de la revista TimeOut. El destinatario: Jane Loomis. Me quedé de piedra. Ya no era uno el Loomis que se había metido en nuestra vida – ¡sino dos! ¿Sería Jane la mujer de Loomis? ¿Su madre? ¿Qué coño quería el puto Loomis y su mujer con nosotros? Cogí el ejemplar TimeOut y lo tuve en casa, sin querer tocarlo, durante un día. Después lo leí – total, ya que estaba allí...

Pero el nuevo evento en mi relación con Loomis me dejó desconcertado. ¿Quién sería Loomis? Y he hecho lo que hacen todos los Sherlock Holmes de hoy en día: le he buscado en Google. Resulta que Loomis podría ser uno de los colaboradores de un blog (http://alterdestiny.blogspot.com) izquierdoso, en el que incluso hay críticas a NYU. ¿Sería este Loomis, natural de Nuevo México, y amante de los “sapos” (según su blog), mi Loomis? Loomis también es descrito por un colaborador del blog “Lawyers, Guns and Money” (http://lefarkins.blogspot.com/) de la siguiente manera: “everyone knows that Erik Loomis, for example, is a yellow bellied chickenhawk for not immediately volunteering for the US Army, but the constraints of friendship force me to rail against him in private while defending him in public”. Otra vez: ¿será él mi Loomis? Respecto a Jane Loomis, no hay información sobre ella en Internet – podría perfectamente ser Jane Doe.

Me pregunto hasta cuándo durará mi relación indeseada (pero de la que saco evidentes ventajas) con Loomis. Sería exagerado decir que temo a Loomis; al final, dudo mucho de que algún día se vaya a presentar en mi casa (sin embargo, él sabe donde vivo). Pero a veces pienso escribir al Loomis del blog – igual no es el mismo Loomis y el tío se divertirá. Puede incluso que escriba sobre mí en su blog...Y pienso comunicarle la última decisión que he tomado: cancelaré mi suscripción de la edición del domingo del Times.

12 febrero 2007

El empleo del tiempo - 11.02.2007


Hace algunos meses, un colega mío de trabajo (con el que compartía cubículo y interminables jornadas laborales) me decía que había advertido que siempre que hablaba con clientes o conocidos por teléfono (españoles o no), empezaba hablando del clima, después mencionaba algún tema deportivo y, finalmente, entraba en materia. En aquél momento, no le creí. ¿Sería yo tan previsible? ¿Sería yo tan pesado? O quizás mis orígenes tropicales me jugarían una mala pasada: al final, de donde vengo (o de donde vine), temperaturas por debajo de los 20º ya eran noticia. En cualquier caso, y aunque ya me había dado cuenta de que hablaba más del tiempo de lo que había hecho en toda mi vida, no había visto en ello un problema, y terminé por olvidarme del comentario sin haber concluido si era cierto o no.

Entonces me vine a Estados Unidos. Aunque ya sabía la afición (en agosto, con temperaturas aceptables, lo calificaba de afición) que tienen los americanos por la previsión del tiempo, las temperaturas fueron tan agradables hasta diciembre que hablar del tiempo era perder el tiempo, literalmente, y mis conversaciones intrascendentes tenían como tema principal el béisbol (tema para otra entrega del blog). Y cuando vino diciembre, y con él mis mejores esperanzas de un White Christmas con chimenea y Santa Claus volando en trineo en un cielo plagado de gordos copos de nieve, vino también la decepción: había desistido de volver a España por Navidades para tener unas vacaciones nevadas, y en plena víspera de Navidad hacía sol, calor, y estaba en la calle comprando regalos. Pero las elevadas temperaturas me han dado nuevos temas de conversación: el calentamiento global, el efecto invernadero y el último documental de Al Gore. No que me preocupe especialmente el tema, pero debo confesar – y no sin cierta preocupación - que hablar de ello me daba bastante placer.

Vinieron las vacaciones y nos fuimos a California. De San Francisco, me han gustado muchas cosas, pero lo que más me gustó fue poder hablar de San Francisco al volver a Nueva York: San Francisco, decía yo, era mucho mejor que Nueva York: más barata, más limpia, sin ratas y... con mejor clima. En efecto, los días en San Francisco me recordaban los mejores días del invierno en Barcelona. Mis colegas en NY asentían. Para aquél entonces, empecé a darme cuenta de algunos de los síntomas de mi “problema”: todos los días, antes de salir, me miraba el Weather Channel.

Entonces llegó el frío de verdad. Durante las dos últimas semanas, las temperaturas máximas no han superado los 0º, y todas las mañanas se puede ver capas de hielo en las aceras. Aunque lo esperaba, puedo afirmar que no estaba preparado para ello – y de repente, todo el mundo se ha convertido en fanáticos seguidores del Weather Channel, con una especial atención al famoso “feels like”. Aparte esto, la gente ha empezado a desarrollar tácticas de guerrilla contra el peor enemigo que hay en esta ciudad: el viento. Como se trata de una ciudad de anchas calles y avenidas que empiezan en el East River y terminan en el Hudson (o viceversa), las ráfagas de aire que corren por ahí son terribles. La gente trata de refugiarse caminando por callejuelas, pero no hay manera: el llamado “efecto túnel” te puede sorprender en cualquier sitio, a cualquier momento. Entras en una calle, te crees a salvo del viento y... zás, una ráfaga te corta el aliento y te deja tieso.

Pero yo me siento muy a gusto: puedo hablar del tiempo cuando quiero y la gente me escucha con gran atención. Para aumentar el atractivo de mi conversación, trato de memorizar las temperaturas diarias en las distintas zonas de la ciudad y en ciudades harto más inhóspitas, como Chicago – así siempre puedo decir que, en el fondo, tenemos suerte. Incluso he llegado a seguir la retransmisión del día de la marmota (el 2 de febrero), en el que varias marmotas a lo largo de Estados Unidos tratan de predecir si el invierno será todavía largo (6 semanas más) o si habrá “early spring”... Hay muchas marmotas por ahí, pero por afición cinéfila yo sólo creo en Punxsutawney Phil, la marmota de Pennsylvania que sale en la película “Atrapado en el tiempo”. De cierta manera, creo que Phil es la marmota auténtica. Pues Phil, para mi sorpresa, ha predicho, por primera vez desde 1998, que el invierno terminará antes...



Creo que he tengo un problema, pero la verdad es que no sé como solucionarlo. Diferentemente de alcohólicos y drogadictos (o incluso ninfómanos), no hay asociaciones que ayuden a los que comparten mi obsesión. Sin embargo, confío que cuando llegue la primavera se me pasará. Si la marmota Phil no me defrauda, terminará pronto – mientras tanto, sigo con atención la previsión del tiempo de las próximas semanas...

* * *
No que pierda demasiado dejando de seguir las noticias “serias”. Por ejemplo, si pensamos en lo que ha ocurrido en España esta semana, uno preferiría ver a las marmotas: en primer lugar, está la historia del suicidio de la hermana de la Leti. Los buitres de la llamada “prensa del corazón” se han abalanzado sobre la historia de una manera absolutamente inmoral, como ya imaginaba. Pero lo que no me esperaba era que diarios “serios”, como El País, dieran tanta cobertura al suceso. Sin emplear la palabra “suicidio”, los grandes periodistas del periódico más respetado de España se han limitado a informar al respetable que “la muerte se produjo por ingestión masiva de tranquilizantes” y que la difunta dejó “cinco cartas”. Con tanta información, ni hacía falta disimularlo más – hubieran debido poner la palabra “suicidio” en sus titulares, y en mayúsculas. Por aquí la cosa no va mucho mejor: la muerte de la ex playmate y viuda negra Anna Nicole Smith ha criado un revuelo que no os podéis imaginar...

Otro evento que no me he perdido fue la tardía confesión del ex presi Aznar de que “no, no existían armas de destrucción masiva en Irak” y que su error (y esto lo dijo con sorna) fue no haber sido tan listo de imaginarlo cuando todo el mundo (sic.) creía que dichas armas existían. Claro. ¿Quién lo imaginaría? Si las mentes más brillantes del Reino, como Aznar o Jiménez Losantos, no lo sospechaban, es que algo turbio existiría... Pero ya le tomará la confesión alguno de los obispos de la Conferencia Episcopal... "España, aparta de mí este cáliz".





Iván Rabanillo

29 octubre 2006

El Rey, la Reina, Tony Blair y... Tony - 29.10.2006

Hay que decirlo: el día en que me enteré del nuevo embarazo de Doña Leticia Ortiz, Princesa de Asturias, fue uno de mis mejores días en Nueva York. Ya podía imaginar el alboroto que se habría montado en todos los medios: ediciones especiales de “¿Qué me dices?”, las tertulias extraordinarias de Salsa Rosa (ahora con sangre azul), y los supuestos expertos en temas monárquicos que tendrán unas navidades estupendas. Mientras que los retoños de los Duques de Palma suelen recibirse con cierto desagrado (están haciendo una labor estupenda subiendo las tasas de natalidad del país, pero por desgracia sus hijos probablemente no cotizarán a la Seguridad Social), un posible heredero varón de la Corona suscita bastante más entusiasmo.
Como bien señala el autor del artículo al que doy la réplica, los ciudadanos de progreso están indignados ante la posibilidad de que el posible reinado de la Infanta Leonor no haya durado demasiado. Pero hay mucha más gente a la que le interesa el asunto por distintos motivos:

- A ZP y el PSOE les preocupa el tema porque han metido la pata al decir que tratarían de hacer lo que hiciera falta para que reinara Leonor. Ya. Pero lo que hace falta es cambiar la Constitución, y para ello tienen que disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones antes de que nazca el posible heredero de la Corona. Porque aunque estos señores digan que se inventarán una reforma constitucional que garantice los derechos del Príncipe y a la vez asegure el reinado de Leonor, la verdad es que si nace niño, tendrá derechos adquiridos bajo el actual texto constitucional... Pobre ZP: tanto viene haciendo para garantizar una igualdad “de facto” entre hombres y mujeres y al final se le recriminará no haber salvado a Leonor... Seguro que contaba con que el Príncipe pensara en él antes de emprender sus escarceos reales y se pusiera un condón...

- A los que están instalados a la derecha del Manzanares les ha salido una oportunidad de oro para buscar el “centro” político defendiendo el derecho a reinar de Leonor. Total, no pierden nada y acortan la legislatura de ZP. Y si ZP no convoca elecciones, siempre podrán decir que él es un reformista de pacotilla, un hipócrita, etc. Como dicen por aquí, es una situación “win-win”.

- Un republicano frotaría las manos con este escenario: quizás una lucha fratricida en el seno de la Familia Real podría suponer el fin de la monarquía... Pero si reina Leonor, la perspectiva puede ser incluso mejor: imaginaros que la pequeña Leonor nos salga una chica lista a lo Grimaldi... La opinión pública española no podría soportar que se liara con estafadores y seguratas...

Pero el gran misterio es lo que opinarán en la Casa Real. No entro a valorar, como el autor del artículo anterior, la modernidad o no de la institución monárquica; tampoco me parece el momento de valorar lo que hizo y hace D. Juan Carlos por España (aparte de mensajes navideños más herméticos que las profecías de Nostradamus). Quisiera hablar de una película que he visto y que seguramente da mucho juego para la reflexión: se trata de la película “The queen”, de Stephen Frears, que se estreno por aquí en el Festival de Cine de Nueva York.
De acuerdo con las sinopsis, “The queen” cuenta la historia de lo que habría sucedido en el seno de la Familia Real británica durante los días siguientes a la muerte de Lady Di, en los que el pueblo británico, convulsionado por la pérdida de la mujer que los medios (por sugerencia de Alastair Campbell, cerebro mediático del entonces novel primer ministro Tony Blair) llamaban “princesa del pueblo”, exigía una demostración pública de pesar por parte de la Reina. Esta es una de las historias de la película (que, por cierto, es muy buena). La otra historia, que en mi opinión es la historia principal de la película, es la que protagonizan Tony Blair y la Reina Isabel II.

En agosto de 1997, Tony Blair llevaba menos de 3 meses como primer ministro británico. Hace casi diez años de ello, pero yo recuerdo perfectamente el entusiasmo que suscitaba Blair y su pandilla de jóvenes izquierdistas y revolucionarios, que se proponían reformar las instituciones británicas y dar un aire de modernidad al un país que apenas podía creer que había vivido bajo tanto tiempo bajo la mano dura de Margaret Thatcher. Se hablaba entonces en “Tercera Vía”, se hablaba de la “Cool Britannia”, una Inglaterra joven y vibrante desde el punto de vista social y cultural, pero sobre todo se hablaba de Tony Blair. Porque Blair era un ídolo de masas, el Rey Midas del fin-de-siècle.

A su vez, la Reina Isabel representaba valores completamente distintos. Bien por cuestiones generacionales, bien por ausencia de afecto hacia Diana (algo que puede comprenderse perfectamente, considerando el daño que hizo a la institución), la Reina y su familia permanecieron aislados del mundo durante los días siguientes a la muerte de Diana. Según la película, la cuestión era sencilla: se trataba de un asunto privado del que debía encargarse la familia de Diana (ya que ella ya no era miembro de la Familia Real). Y la Familia Real permaneció en una de sus casas de campo, de cacería y como si nada hubiera ocurrido. Pero no contaban con la reacción popular: por motivos que creo que son inexplicables, el pueblo británico encajó la muerte de Diana como una tragedia personal. Quizás porque fuera joven y guapa, quizás porque había sido víctima de los medios de comunicación (que ella utilizó cuando le convino), quizás porque transmitía una imagen más cercana y sana que una reina anciana y anticuada y un ex-marido que deseaba ser el tampax de una mujer fea. Tony Blair supo ver la oportunidad de marcarse un punto y se sacó de la chistera aquello de que Diana era la "princesa del pueblo". Y en los días siguientes los ingleses, avidos de carnaza y ya instalados en la idea de que Diana fue asesinada por un "establishment" conservador, trataron de exigir que la Familia Real diera la cara y que lamentara su muerte.

Y la mayor parte de la película trata de cómo Blair, con su sonrisa permanente y sus encuestas de opinión, trataba de convencer a la Reina de que había que hacer concesiones para "quedar bien" con el personal. En algún momento, se nota que se trataba de una oportunidad única de asestar un golpe mortal a la monarquía, pero Blair recrimina esta intención a sus asesores, ya que él considera que a nadie le interesa acabar con la monarquía. Blair, ante sus asesores y su mujer, se muestra mucho más conservador de lo que jamás hubiéramos imaginado entonces - y trata de interferir para salvar a la Reina y, de paso, quedar bien en la prensa. Y logra que la Reina se doblegue ante los deseos de sus súbditos.

En la última escena de la película, que describe el primer encuentro entre Blair y la Reina tras el funeral de Diana, hay un momento inolvidable en el que Isabel II le describe a Blair el dolor que le causó el hecho de verse aislada y detestada por la gente, y le augura que lo mismo le pasaría a él, Tony Blair, algún día. Porque es lo que ocurre a todos los políticos, incluso a los que, como Blair, parecían elegidos por los dioses. Sin embargo, lo que hace de Blair un caso único es que a pocos políticos se les quiso tanto como a él: toda una generación creyó en el compromiso de Blair con ciertos principios y ciertos valores que él, por cuestiones de pragmatismo, abandonó. Los que más te pueden decepcionar son los que más has querido. Creo que la tragedia de Tony Blair es la tragedia de todos los idealistas: en algún momento, tus ideales te pueden jugar una mala pasada, y puedes encontrarte solo y visto como un traidor por la gente que te quería.


Ahora, mientras escribo, me doy cuenta de que he dado un giro radical en el texto, tanto respecto al tema como al tono. En el fondo, me interesaba mucho más hablar de los peligros del idealismo que de la monarquía española, y por obra y gracia de una asociación más o menos espontánea de ideas, he pasado de Leti a Isabel II, de Isabel II a Tony Blair, y de Blair a mi amigo Tony. Porque Tony es un idealista. En efecto, es el único idealista a la vieja usanza que conozco. Tony jamás ha presumido de sus ideales o de sus principios, pero es una de aquellas personas que intuyes al instante que los tiene, que los cuida y los valora. Para Tony, las palabras tienen un significado que va mucho más allá de la simple semántica, y esto se nota. Esto es lo que hace de él una persona especial y admirable. Pero sus ideales conllevan una responsabilidad mucho mayor de la que tenemos los demás (es decir, los que vivimos la vida con un alegre cinismo) - porque si Tony nos fallara, sería muy difícil sobrellevar la decepción. Esta es la tragedia de Tony Blair. Pero puede ser la tragedia de cualquier idealista. En resumen, esto era lo que quería decirle a mi amigo Tony.

Iván Rabanillo

17 octubre 2006

Familia realmente numerosa - 17.10.2006

Después de nuestro escarceo sexual, pasemos página y abordemos la actualidad de España (lo siento Iván, pero de momento no voy a hablar del ensayo nuclear norcoreano –la CIA aún no ha podido averiguar si se trataba de un superpedo-). Y no me refiero a las elecciones catalanas, ni a la crisis del Madrid. Ni siquiera al hecho de que con tanto Opá y tanta Opa, algunos se están empachando a millones por ahí…


La princesa Letizia Ortiz Rocasolano ha sido bendecida hace poco por la gloria de una pulsión seminal y ha quedado encinta. Aún no se conoce el sexo del bebo/a, pero de ser varón varón varón, según la Constitución española éste precedería a su hermana mayor en la línea sucesoria, tal y como hizo con las dos infantas el Príncipe de Asturias y futuro padre de la criatura, siempre y cuando, eso sí, no le maten en su casa con un revolver, que siempre puede suceder entre hermanos de sangre azul (acuérdense de las patadas de Froilán a sus primitos en la boda de los príncipes...).


Este hecho ha provocado, desde hace ya un tiempo, tremenda indignación entre los ciudadanos de progreso de este país. Encuentran injusto que se discrimine a la mujer a la hora de heredar cargos que emanan de Dios, por lo que exigen un cambio en el articulado de la Constitución referente a ese particular. Se ignora si la existencia en funciones de la Corona les molesta.


La monarquía es una institución residual, algo del pasado que persiste por razones peregrinas. De toda la vida de Dios, el Rey básicamente era el propietario de tu persona. Sin embargo, con el paso de los años, los avances del pensamiento y la llegada de la música pop, se asientan las llamadas monarquías parlamentarias, en las que el Rey es sólo dueño exclusivo de la representación del país en cenas y ágapes de diversa naturaleza.


Pero mucho que se empeñe la prensa de altura en decir que una monarquía es moderna porque sus miembros hacen surf, la realidad es que cuando hay una erupción de hechos diferenciales en alguna parte del mundo y se forman siete países nuevos de doscientos habitantes cada uno, a ninguno de ellos les da por constituirse en monarquía, lo normal es que sean repúblicas (o dictaduras, sin complejos). Por ejemplo, cuando se rompa España y Cataluña sea independiente, no se convertirá en reino y ofrecerá la corona a Ronaldinho, del mismo modo que los vascos no van a proclamar Rey a un tipo fortachón y con la cabeza grande que domina un valle desde una colina. Aunque no hay que descartarlo, puesto que estamos hablando de españoles, no, definitivamente no, hoy en día no se puede decir que haya una fiebre monárquica. Se trata de un sistema injusto en su más pura esencia.


Por de pronto, en España no ha habido hasta ahora ningún debate en los medios sobre la conveniencia o no de una república que haya alcanzado tres cuartas partes del eco que ha tenido la posible abolición de la Ley Sálica (la norma histórica que regula la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono).


La razón que se arguye es irrebatible: Es injusto que el varón herede el cargo antes que la mujer por el mero hecho de ser varón. Ser injusto, por supuesto que lo es. Lo que pasa es que, en este marco, cuando se incide en ese detalle de discriminación sexual, parece que se obvia lo más discriminatorio de todo, el hecho de que se herede el cargo, que se asume con toda naturalidad.).


Lo que no está claro es si también sería considerado como algo tan normal y descontextualizable una iniciativa que promoviera el uso de líquidos inflamables no abrasivos con el cutis para cuando el hombre actual, camisa de Dior, decide coger a la mujer de hoy, bolso de Armani, y prenderle fuego en su domicilio. ¿Se consideraría un avance hacía una violencia de género más moderna y humana?


¿Cómo afrontar esta situación? ¿Cómo aguantar que nadie se queje de que el Rey tenga la osadía de dejarse ver por ahí en pantalones cortos, habrase visto tamaño insulto al pueblo español, y que ahora se monte un revuelo por esta sandez? Dios escribe con renglones torcidos, los caminos del Señor son inescrutables y la única forma de hacer oposición a este dios infantil de “Monarquía, vale, pero que sea chachi” parece ser enroscarse la boina roja, echarse al monte y quemar los pueblos. En mi caso, la reivindicación es tal vez menos abrupta: me limito a pedir que en vez de desterrar a los Reyes y Príncipes a Roma o Ginebra –un retiro dorado, como se hacía antaño-, se les confine a los cuentos de hadas. Ahí no me molestan y tienen por fin una función social.


(En el caso de que al lector de este artículo no le guste la monarquía, tiene un nombre: republicano. Pero si es así, que sude atemorizado en un rincón húmedo y oscuro, porque tal y como demuestra el hecho de que estos temas no se planteen en ningún lado, somos cuatro gatos mal contados. El fantasma de la guerra civil sigue ahí, presente, para recordarnos que Franco se salió en parte con la suya. Qué le vamos a hacer, reproduzcámonos más, como los del Opus...)
Tony Fernández

12 octubre 2006

Oh, the Americans... - 12.10.2006

Hola, esta vez no soltaré ningún rollo, pero hay un vídeo en YouTube que me ha parecido de lo más divertido. Lo publico para que lo veáis...

http://www.youtube.com/watch?v=qXMCOwid6ZU

Libertad, Igualdad, Sexualidad - 12.10.2006

Ahí me has pillado, pequeño Iván. Ciertamente todavía no existe una serie “Sexo en Bruselas” con la que poder realizar un estudio comparativo y contrastar –como tan brillantemente has hecho- si las vivencias de la serie se reproducen en la realidad de esta ciudad apacible. No obstante, teniendo en cuenta que durante mi estancia en Nueva York tuve oportunidad de presenciar como espectador asiduo la famosa serie de TV –reponían capítulos 4 ó 5 veces por semana en diferentes canales…-, me permitiré analizar el fenómeno que va ligado a la misma y que refleja a las claras que hoy los revolucionarios franceses de 1789 hubiesen cambiado su eslogan por el del título…

Sí, lo habéis adivinado. Hoy, a pesar de que algunos lectores saben que suelo ser “libe libe liberal” me pondré un poco moralista. Una cosa es considerar que el sexo es algo maravilloso y que hay que acabar con la represión absurda pregonada por la Iglesia y sus cachorros puritanos que ocupan los poderes fácticos (curiosamente donde más “pervertidos” suele haber…). Y otra considerar que el sexo es una banalidad, una mera frivolidad o una parcela vital en la que todo vale.

La estética de "Sexo en Nueva York" es un poco woodyallense. Es decir, películas protagonizadas por ciudadanos de Manhattan, con una posición económica desahogada, que no se sabe muy bien en qué trabajan, o si ni siquiera trabajan, y que no paran de hablar sin escucharse los unos a los otros. Este modelo ha llegado con éxito a la televisión. Y debo reconocer que al principio la estética me parecía un poco rompedora y atractiva. Con el tiempo, he variado de opinión. Un poco -salvando las distancias, claro- como cuando uno lee el extranjero de Camus y siente simpatía por el extranjero y luego se da cuenta de que es un capullo en muchos aspectos morales.

El hilo argumental de esta serie es bien simple: cuatro amigas solteras neuróticas, con todo el tiempo del mundo para aburrirse, se pasan, día sí y día también, hablando de sexo, vacilando de cuánto chuscan y cotorreando sentadas en la mesa de una cafetería o acudiendo a alguna fiesta privada. La protagonista (Carrie, ahora alter ego de Sarah Jessica Parker) es una pseudo-periodista que escribe una columna sobre sexo, lo que sirve de excusa para presentar sus folleteos y los de sus amigas como una especie de un análisis de campo de un macroestudio científico. Vamos, como Gran Hermano, pero en la ficción.


Los capítulos siguen casi siempre la misma estructura:


- Carrie se encuentra por la calle a una amiga a la que hace mucho tiempo que no veía. La amiga le dice a Carrie que es lesbiana, o bien que se ha casado, y Carrie abre los ojos de par en par, atónita por lo que ha cambiado su antigua amiga, ya que, la última vez que la vio (es decir, cuando tenían quince años), estaba soltera.


- Carrie se lo cuenta a sus amigas, solteras como ella, y empiezan a marujear y a poner verde a la
ex-amiga, en plan, “qué idiota es, casarse con lo bien que se está soltera”, o bien “mira que hacerse lesbiana, con lo bueno que es disfrutar de un buen pene”.


- Acto seguido, Carrie y sus amigas chuscan con hombres y creen ver en sus relaciones un reflejo de la inquietud del episodio correspondiente. Si una se lía con un tipo que le propone matrimonio, Carrie piensa: “Lo sabía, el matrimonio es la plaga actual”. Si se encuentran en una fiesta a una lesbiana, Carrie deduce: “El lesbianismo también está dentro de mí, porque atraigo a las lesbianas”.


- Luego, todas ellas cortan con sus parejas, y se van de fiesta a celebrar su amistad y su heterosexualidad, mientras se oye, en off, la voz de Carrie que sentencia su filosofía al respecto del tema planteado.


“Sexo en Nueva York” nos presenta en realidad a unas treintañeras un poco ridículas, que no han superado la edad del pavo y que temen la llegada de la menopausia. En el fondo, son chicas que buscan a su príncipe azul para casarse, pero no lo encuentran porque los hombres son como son: unos asquerosos egoístas cargados de defectos. Si encuentran a un hombre que no se quiere casar, cortan con él porque huye del compromiso. Si, por el contrario, dan con alguien que les propone matrimonio, cortan porque dicen no soportar la idea del matrimonio. (Tengo que decir que este último punto me dio idea de la poca altura moral de la protagonista y líder del grupito. Después de engañar a su novio –un tipo tierno y romántico - con un hombre casado, todavía encuentra motivos para quejarse de su desgracia...aquella desfachatez me marcó, qué quieren que les diga...)


Pero lo más divertido de “Sexo en Nueva York” es que, intentando hacer un retrato sofisticado de la mujer, la serie describe cierta chabacanería de sus personajes protagonistas (cambien a las chicas por Alfredo Landa, Antonio Ozores y José Luis López Vázquez...y no notarán mucha diferencia):


- Para empezar, son mujeres que no tienen inquietudes culturales. No leen, apenas viajan o van al teatro y, como mucho, alguna vez se dejan caer por algún cine. No les preocupa la política ni aparecen nunca leyendo un periódico.


- Están todo el día cotilleando y preocupadas por su imagen. Su mayor problema es qué vestido ponerse para salir por la tarde, o adivinar qué zapatos combinan con la decoración del restaurante al que van a ir a cenar.
© Manolo Blahnik



- Son envidiosas por naturaleza. Si van invitadas a una fiesta, lo primero que hacen es poner a la anfitriona a caer de un burro. Se emborrachan en la fiesta, hacen el ridículo, intentan ligarse a todos los tipos casados, y se despiden insultando a la persona que las ha invitado.


Aparte de eso, los personajes femeninos están dibujados según una serie de estereotipos banales:


- Carrie. La lista. Es la periodista. A pesar de su profesión (o, precisamente, por ello), no lee nunca nada. Los temas y las conclusiones de sus columnas no surgen por las lecturas que realiza, sino por las conversaciones de sus amigas. Tiene tanta alergia a los libros que se pasea por todas las tiendas de Manhattan, pero nunca aparece en una librería. Los personajes de Woody Allen, al menos, leen.


- Samantha. La ninfómana. Es la que tiene los cascos más ligeros, y, por supuesto, es la rubia de bote. Presume de haberse cepillado a media Norteamérica. Como a Carrie, le sobra el tiempo libre.


- Charlotte. La guapa. Es la chica finolis, la elegante, la más recatada de todas. Es la que mantiene relaciones más largas, es decir, que le duran más de una noche.


- Miranda. ¿La fea?. Es el contrapunto de Charlotte, y, sin llegar a la promiscuidad de Samantha, también le tira a todo lo que se mueve. Ella dice que es abogada, pero trabaja menos que Ally McBeal (lo que ya es decir).


¿Conclusión? Quédense con los restaurantes y cafeterías que visitan las protagonistas de la serie. El resto...mucha mirada sucia y poco mazapán. Mayormente.



Tony Fernández

08 octubre 2006

Panorama sexual de Nueva York - 8.10.2006


En primer lugar, debo disculparme por la demora, pero tenía buenos motivos para esperar prudentemente hasta el momento en el que tuviera suficiente material para escribir algo interesante. Explico: Tony y yo pactamos que la entrega de hoy (atendiendo a pedidos) tendría que tratar de sexo. Y como yo vivo en la ciudad que se considera, por obra y gracia de una serie de televisión, un paraíso de la fornicación, me tocaba disparar primero. OK. Pero yo tenía un problema de fondo: como buen y fiel hombre casado, puedo deciros que el sexo en Nueva York no viene siendo muy distinto del sexo de Barcelona... Así que he tenido que lanzar mano de mis viejos estratagemas (el famoso "cuéntame, cuéntame" que tanto le gusta a Monsieur Fernández) para recoger información entre mis conocidos solteros, auténticos protagonistas de la batalla sexual que se libra en las calles de Manhattan...

La primera conclusión a la que he llegado es que la cosa no está nada fácil por aquí. Los estudiantes incluso lo tienen un poco mejor montado - al final, entre tanta fiesta universitaria con bebida barata, algo puede caer si tienes algo de iniciativa y estás dispuesto a hacer de las chavalas extranjeras de paso tu coto de caza. En esto, mis paisanos brasileños casi siempre se sacan un sobresaliente. Con novia o sin novia esperando en casa, ellos vienen aprovechándose de la imagen de "gente alegre" para enredar a mucha europea y sudamericana a base de "caipirinhas". Están en la pole-position (por cierto, ¡viva Alonso!) y trabajan a contrarreloj: el invierno se acerca y la gente de los trópicos empieza a preocuparse con tener calor humano en las frías mañanas de Nueva York...

Los europeos están pasando sin pena ni gloria. Son pocos y no se ponen de acuerdo acerca de señas de identidad comunes que podrían servirles para montar una fiesta aceptable. Como Europa misma. Y los yanquis están en su mundo aparte: enredados en su mundo competitivo, la verdad es que ellos no se llevan bien ni entre ellos. Igual están metidos en sus habitaciones tratando de comunicarse con la gente por su MySpace o Facebook, o cuidando de sus "yos" virtuales (ahora hay unas páginas web que te permiten vivir una vida alternativa, como el juego de los Sims). A veces alguno aparece, pero casi siempre su aparición se debe a alguna chica lista que ya se ha dado cuenta de los LL.Ms no molan y que la buena inversión de futuro es un estudiante de Derecho de tercer año...

Aparte esto, hay cosas que también condicionan la caza sexual entre los universitarios: la primera es el dinero, aunque poca gente habla abiertamente de ello (el rollo "pobre" se vende mal). Como las cervezas te pueden costar entre 6-9 dólares por ahí (sin "tip"), la vida de soltero te puede salir muy cara... Pero es que todo puede salir caro. Si hiciéramos una simulación de lo que puede costar el proceso de la seducción en NY, podríamos tener: a) ir a la fiesta "guay" del fin de semana (taxi, entrada, bebidas y taxi otra vez: 30-40 dólares); b) llevar a una chati a cenar por ahí (en un algún sitio que salga en la guía Zagat como más o menos "fancy"): unos 100-120 dólares, si te atreves a dártelas de caballero e invitar a la dama y si te atreves a tomar vino en vez del agua te ponen grátis...; c) copas en un lounge de SoHo (cerca de la residencia, para facilitar la preparación de la jugada posterior) - 25 dólares. O sea: el sexo se compra caro en Nueva York, y no hay descuentos para estudiantes.

En el mundo de los jóvenes profesionales de NY, el tema debería estar un poco mejor. Al final, hay bastante más dinero en juego. Ya. Pero lo que me han contado es lo siguiente: en las empresas, las políticas respecto del acoso sexual han terminado por poner límites estrictos al flirteo galante entre fotocopiadora y cafetería, y la verdad es que en el trabajo se liga más bien poco. Queda la opción de buscártelo por ahí: al final, hay un montón de bares chulos jóvenes profesionales, y si las tías de Sex and the City se ligaban a medio Upper East Side por ahí, tampoco puede ser tan difícil... Pues no. En palabras de una chica española veterana en NY, la vida sexual en Nueva York es "como Sex and the City pero sin el sex". O sea: que la cosa está bastante mal. O los tíos no te entran o si te entran, están interesados en tu networking... Y nadie quiere joder un buen networking...

Por el momento, este es mi informe sobre la actividad sexual en la Isla. Seguiré preguntando y preguntando por ahí...

Ahora algunos comentarios sobre lo que se viene cociendo en los Estados Unidos:

- Política - la semana pasada, se ha revelado que un diputado republicano de Florida había enviado mails de contenido erótico a chavalines pro-republicanos. En alguno de los mails, llamaba a algún chiquillo "mi semental". Considerando que se trata del partido anti-aborto, pro-vida y anti-gays, podría esperarse una condena enérgica. Pues no. El partido trató de encubrir el escándalo en mejor estilo "cosa nostra". Las elecciones al Parlamento están a la vuelta de la esquina, y mucha gente cree que los Demócratas se harán con el control del Congreso de los Diputados estadounidense. Ya veremos...

- Más política - esa semana se ha publicado el nuevo libro de Bob Woodward, el periodista del Washington Post que en su día fue uno de los artífices de la caída de Nixon. Se llama "State of Denial" y deja a Bush, Condi, Rumsfeld y amigos muy mal parados. Dice que la Casa Blanca tenía información sobre la inminencia de un ataque terrorista antes del 11-S y no hizo nada. Lo más duro es que Woodward escribió, hace algunos años, un libro llamado "Bush at war" en el que hablaba de Bush y a su equipo de una forma mucho más favorable. Por ello, "State of Denial" se ha recibido como una verdadera bomba... Yo lo compraré y lo comentaré en mis próximas entregas...

- Cine - el viernes fui a ver la última película dirigida por Martin Scorsese. Es "The Departed", con Jack Nicholson, Leonardo DiCaprio y Matt Damon. Scorsese vuelve a temas conocidos: mafia, lealtad, etc. No es tan buena como "Uno de los nuestros" o "Casino" pero es mucho mejor que "Gangs of New York" o "El Aviador". He disfrutado muchísimo...

Un abrazo desde Manhattan,

Iván Rabanillo

02 septiembre 2006

La otra orilla - 8.9.2006

A pesar de que el objetivo de este blog no es contar las vicisitudes de las vidas de estos servidores que lo alimentan, he considerado necesario hablar de algo más personal esta semana, y por un motivo sencillo: “Las dos orillas” se ha planteado como un diálogo entre dos amigos instalados en Nueva York y Bruselas, respectivamente. Y esta circunstancia no se había producido hasta ahora – ambos enviábamos nuestros artículos desde Barcelona. Por ello, me ha parecido conveniente informar que ya he ocupado mi posición en la orilla que me corresponde (la de Nueva York), desde el pasado día 21 de agosto. Por cierto, volé con British Airways, vía Heathrow, y también me he sentido acojonado.

Nueva York. Aunque ninguna de mis impresiones de primerizo en America suponga una novedad para mi compañero del otro lado del océano (basta con decir que Tony vivió el año pasado en la misma residencia universitaria en la que resido ahora), quizás a los pocos lectores de este cuaderno les interese alguna descripción de cómo se ve esto en comparación con la supuestamente vieja Europa...

Al llegar, ya he tratado de hacerme con munición informativa para hacer frente a mi lejano amigo: me he suscrito al New York Times, a revistas como The New Yorker y The Economist (que sólo me empezarán a llegar en 4-6 semanas...) Espero poder leer el Times: para que el no ha tenido la posibilidad de leerlo, basta con decir que mitad la edición de domingo del periódico les llega a los suscriptores el sábado – para que les dé tiempo de leerlo todo... He tenido mi primera aventura dominical con el Times el sábado pasado, y confieso que me he dejado todo el día leyéndolo... Incluso empiezo a creer que aquella sensación agradable de abrir la puerta de casa por las mañanas y encontrar las noticias del día justo antes del desayuno se va a convertir en un trabajo de Sísifo: los diarios de días anteriores pronto empezarán a formar una montaña de papel, a la que miraré angustiado... A ver si aguanto...

Al hablar de revistas, hay que hablar también de cómo pagarlas: debido a un sistema bancario que me parece un horror pero que a los estadounidenses les parecerá buenísimo, no puedo tener una tarjeta de crédito. No puedo tener una tarjeta de crédito porque no tengo un historial de crédito (es decir, no hay constancia de que yo, un “non-resident alien” haya consumido lo suficiente para que una agencia de crédito me considere como un tío solvente...). Pero el Catch-22 es el siguiente: no tengo crédito porque nunca he tenido una tarjeta de crédito; pero no puedo tener una tarjeta de crédito porque no tengo crédito... Además, no tengo una tarjeta de la seguridad social, que se llama así pero que en realidad, tiene muy poco que ver con la seguridad social... Difícil comprenderlo, ¿no? Pero es así. Además, parece que todo aquí funciona con cheques: recibo mi generosa beca a través de un cheque que me llega por correo; el otro día el Citibank me ha enviado una caja llena de cheques, que espero no utilizar.

Porque gastar aquí es fácil. Se habla mucho del consumismo yanqui: y seguramente lo que dicen será verdad. Te impresiona ver como durante los siete días de la semana (festivos incluidos) los comercios, grandes y pequeños, están abiertos, y con horarios absurdos desde la perspectiva europea. Incluso en su “Labor Day” (su día del trabajo), todo estaba abierto... No quiero ponerme en plan Tony, pero intuyo que la precariedad laboral tiene que ser tremenda en una ciudad en la que muchísima gente trabaja por las propinas... Pero como soy un “neocon” en los sentidos anglófono y francófono, debo expresar mi profunda y egoísta satisfacción personal al poder hacer la compra de la semana un domingo por la tarde, y por jamás estar agobiado pensando que tengo que ir a comprar algo en un determinado día... Me da mucha pena el proletariado local, pero mis suspiros no se oyen entre el ruido de la impresión de los recibos de las tarjetas de crédito...

Cosas maravillosas de aquí: el deporte. Como nadie, absolutamente nadie, habla de fútbol, me siento en el paraíso. Tras un mundial de lo más decepcionante, necesitaba una temporada sin Ronaldinho$, y aquí estoy como en casa. Miro la tele y hay deporte todo el tiempo, pero como no entiendo sus juegos locales (haré un intento de entender el béisbol el próximo viernes, en el que iré a un partido de los Mets contra los Dodgers de Los Angeles – que un día fueron de Brooklyn), me da igual. La ausencia de pasión puede ser algo bello.

Hablando de tele, impresiona la total ausencia de noticias internacionales. Hay cientos de canales, pero todos hablan de noticias locales, y si hay algo internacional, es sobre Irak o Irán, y en términos muy Fox News: mucho TERROR (así, en mayúsculas), muchas ARMAS, mucha AMENAZA. Por lo demás, mucho programa tonto sobre quinceañeras, y fórmulas mágicas para todo en este mundo. Hasta la MTV, que en España mete caña al conservadurismo religioso (ver el anuncio de “Amo a Laura”), aquí tiene unos programas estilo “my big fat sweet sixteen” en los que adolescentes histéricas con problemas de sobrepeso chillan incesantemente y piden a sus papis un BMW. Así es.

Bueno, ya iré contando historias de lo que ocurre en Nueva York, y espero que Tony haga lo mismo desde Bruselas. Antes de terminar, empero, quería hacer un par de comentarios al último artículo de Tony: en primer lugar, debo decir que estoy de acuerdo con muchos de sus planteamientos, y que incluso me ha hecho gracia lo de llamar a su tocayo Blair “Darth Blair”. Y seguramente habría matizado algo de lo que he dicho en el ya lejano 12 de agosto (2 días después de la alerta), ya que por aquél entonces no podría saber que, más un mes después, no se habrían aportado pruebas de los supuestos planes terroristas, y que los sospechosos detenidos seguirían incomunicados... Tony boy, que ha contestado a mi artículo el día 2 de septiembre (21 días después de mi artículo) tenía, pues, una ventaja considerable. Como si en una carrera de 100 metros lisos yo saliese con ocho segundos de desventaja. O como si en un duelo (estilo Barry Lyndon), yo disparara primero y Tony, acto seguido, se fuera a casa, desayunara, echara una siesta, entrenara un par de horas y después volviese a rematarme. Como bien sabrá Tony, la historia suele dar la razón al que más espera...

Por último, creo que ya ha quedado claro que Tony me ha instalado en la orilla de la derecha. Pero lo que ocurre es que Tony a veces desplaza sus interlocutores a su derecha, especialmente cuando dice cosas como que “la huelga es y será huelga aunque la ley no la acoja en su seno”. En mi opinión, puede ser muy peligroso cuestionar la legitimidad de una ley o afirmar la legitimidad de actos contrarios a la ley; un ejemplo de ello podría ser lo que viene ocurriendo en México, donde López Obrador viene manteniendo un pulso con el Estado por el resultado de las elecciones a la presidencia. López Obrador también quiere algo que no está en la Ley; y su discurso está plagado de referencias a la “voluntad popular”, de la que él se considera portavoz... Una situación muy peligrosa, y que invita a reflexionar acerca de qué es la democracia. Yo tengo mi opinión; seguramente Tony tendrá la suya – pero no la discutiremos ahora.

Porque Nueva York se prepara para el quinto aniversario del 11-S.

Propongo, camarada Tony, que seas el primero a escribir sobre el tema. Yo me comprometo a contestar rápidamente. Un abrazo desde Nueva York,


Iván Rabanillo

06 agosto 2006

Ligero de equipaje - 6.8.2006

Tras un largo silencio, mi amigo Tony boy vuelve a la carga... Y con gran acierto, por cierto. En efecto, siempre merece la pena esperar para saber su opinión acerca de los últimos acontecimientos (aunque a veces discrepemos abiertamente). La semana pasada, en nuestro último encuentro en esta Barcelona en la que ya resulta difícil encontrar un kiosco abierto, propusimos que nuestro siguiente tema debería ser ameno, como la Revista de Agosto del País, en la que la trivialidad asciende a la categoría de... trivialidad. Impresionante como a pesar de la guerra en Líbano, la transición en Cuba y las elecciones en el Congo uno puede hacer una inmersión total en lo que verdaderamente importa: dieta mediterránea, los festivales de Bayreuth y Avignon (hablar del Grec suena cutre), sudokus, retrospectivas de veranos pasados, entrevistas con gente guay hechas por otra gente guay, cuentos perezosos, y la lista de las lecturas de verano del Ministro de Justicia... Ya. Supongo que Tony ha sentido el mismo hastío - y lo celebro.

Recuerdo que al despedirme de Tony y recomendarle, como siempre, que se cuidara, pensé: "ojalá no facture sus maletas, que de Iberia sólo cabe esperar lo peor". Bingo. Al leer el artículo de Tony supe que sus pertenencias estaban a salvo.

A veces uno tiene la tentación de ser cínico, y un poco imitar el que dijo que cuándo le hablaban de cultura sacaba la chequera. Lo mismo me ha pasado cuando he leído las palabras "huelga", "constitucional" y "sacrifício". Porque tanto la llamada "huelga" del aeropuerto del Prat como la tan denostada cultura van de lo mismo: de dinero. Dinero que perderán los funcionarios de tierra de Iberia del Prat que seguramente perderán su empleo - y que, como bien recuerda el camarada Fdez, tienen hipotecas que pagar en un escenarios de tipos de interés ascendientes -; dinero que perderán los consumidores que habían contratado viajes, hoteles, etc. En resumen: el proletario oprimido y desesperado versus los pequeño-burgueses en busca de su ración de sol y fotos (como yo, claro está).

Sin embargo, y pese a la indudable legitimidad moral de los empleados de Iberia del aeropuerto de Barcelona, hay aspectos que no podemos obviar, por más ganas que tenga uno de pasarse un día entero sin información (o dos, si hace falta) en un banco de aeroporto (cortesía de AENA) por solidariedad con esta gente maravillosa de Iberia:

En primer lugar, ¿lo sucedido en el Prat puede llamarse huelga? Tengo mis dudas en nombrarlo así, ya que creo recordar que (en aquellas ya lejanas clases de Derecho Laboral que asistí con escaso interés), el derecho constitucional a la huelga se ejercía mediante un procedimiento más complejo que el abandono inmediato de los puestos de trabajo y la invasión sin previo aviso de las pistas del aeropuerto, y que en ningún caso contemplaba una paralización absoluta de servicios públicos. Entonces, ¿si lo ocurrido no fue una "huelga" legal, que nombre y que calificación mereceria semejante acto? Quizás la actuación de estos señores no debería servir de pretexto para que invocáramos la constitución y sí el Código Penal...

Porque lo que querían estos señores (posiblemente sin saberlo) era sabotear a su empresa, secuestrar a la ciudadanía y también de paso al Estado. España es una democracia joven, en la que todos se creen poseedores de derechos absolutos y absolutistas y en el que todos esperan que el papá Estado les venga a salvar de los apuros (aunque los apuros se deban al hecho de que has dejado tus ahorros en manos de una gente que invertía en sellos... jajajajaja). Por su derecho a su empleo, estos trabajadores han invadido las pistas de un aeropuerto, poniendo en riesgo las vidas de muchos pasajeros y las suyas propias, forzando que los vuelos se desviaran a otros aeropuertos de mucha menor capacidad e incapaces de recibr tantos vuelos a la vez. ¿Y si hubiera habido un accidente en algún otro aeropuerto? Acaso no serían dichos trabajadores los responsables de la tragedia? No basta que mamá Iberia reembolse los pasajeros y las demás compañías aereas por las moléstias; no basta que papá Estado presione a la compañía para mantener los puestos de trabajo - es necesario, para el bien de la sociedad, que la Justicia actúe contra los funcionarios de Iberia que han participado en esta desafortunada farsa.

No es posible que en un país serio se consienta que un reducidísimo colectivo de una única compañía pueda, amparado en supuestos derechos individuales y colectivos, colapsar las estructuras aeroportuarias de toda España y media Europa. ¿O es que los trabajadores de Iberia son especiales? A veces, uno tiene esta impresión. Por algún misterioso motivo, no se imagina a un empleado de Cathay Airlines abandonando un coche en plena pista del aeropuerto de Barcelona... Y si lo hiciera, ¿qué habría hecho la policía? Seguramente lo hubiera detenido en el acto. ¿Y por que no se hizo nada contra los empleados de Iberia que ocuparon ilegalmente las pistas? Lo ignoro. Y a diferencia de lo que opina Tony, el objetivo de una eventual actuación policial no hubiera debido ser "hacer con que volvieran a sus puestos", sino reabrir el aeropuerto y garantizar el tráfico aereo de las demás compañías con vuelos en El Prat. Porque cuando un conflicto entre una empresa y sus trabajadores pone en peligro la seguridad ciudadana y las infraestructuras de un país, es necesario que las fuerzas del orden actúen. Pero en este país, en el que la actuación policial se confunde con "fascismo", es demasiado peligroso asumir la responsabilidad de actuar.

Por último, creo que los responsables por los incidentes del Prat han hecho un flaco favor tanto a todos los demás trabajadores aeroportuarios como al propio derecho de huelga. Al llamar semejante alboroto "huelga", se está degradando el derecho constitucional a la huelga y la labor de sindicatos serios que se esfuerzan para defender los derechos de los trabajadores dentro de la legalidad y del respeto a la sociedad. Asimismo, lo ocurrido hace con que reivindicaciones legítimas por mejores condiciones de trabajo sean vistas por la ciudadanía como reclamaciones espurias.

Bueno, ahora me toca a mí iniciar un nuevo tema - y esta vez (si Fidel no muere antes de que termine la semana) voy a dármelas de columnista de El País y hablar de amenidades, con el permiso del amigo Tony...

Iván Rabanillo

04 agosto 2006

Las huelgas son para el verano - 4.8.2006

Calor. Atasco. Este verano la ciudad de Barcelona se está sometiendo a un importante lifting. La verdad es que poco le falta para igualarse a la Villa de Madrí Madrí Madrí en lo que a paneles de obras estivales se refiere. Y ahí estaba yo, apatrullando la ciudad, cavilando una disquisición sobre el asunto –“¿por qué siempre en verano…?”- para mi próximo enfrentamiento internáutico con mi colega el Terrible, cuando la radio escupió noticias de un corte por huelga del tráfico aéreo en el aeropuerto de El Prat.

“Ya estamos”, me dije. Otra huelga de pilotos del SEPLA (Sindicato Español de Puteos en Líneas Aéreas). “Vaya la que se va a liar en plena operación salida…” Pues para mi sorpresa, no eran los pílotos, artistas en eso de presionar cada verano con la huelga para conseguir batir una vez más el record salarial. Esta vez eran los más modestos empleados de tierra de la división de equipajes de la compañía Iberia. Aunque oyendo a los comentaristas (de la nada) en la radio, tal parece que fuesen unos delincuentes comunes.

Marx, un visionario en lo que a análisis político se refiere (la praxis ya fue otra cosa) decía: "La huelga, la crisis, os acercan a la meta; por el gran zafarrancho se os abrirán las puertas del paraíso." Dejemos a un lado las aspiraciones nirvanescas bastante absurdas de Karlitos; hoy, lo mismo que citar a Marx es casi una herejía intelectual, hablar de huelga es hablar de un derecho no ejercitable por molesto. ¿Quién no ha visto los típicos testimonios de “quemaos” por huelgas de empleados de recogida de residuos, de transportes públicos, de funcionarios…diciendo que no se puede aguantá que los huelguistas se atrevan a fastidiar al resto de ciudadanos?

Y es que la huelga –y la consiguiente manifestación pública de reivindicación- es un derecho constitucional conseguido a base de mucho sacrificio por movimientos obreros de innumerables países del mundo. Aunque las relaciones laborales se hayan encauzado de forma más negociada en los últimos decenios (gracias a la amenaza de huelga…claro está…no por la generosidad empresarial), siguen habiendo muchísimos frentes en los que el enfrentamiento entre dueño de la empresa y empleado requiere de medidas de conflicto colectivo. Por muy desagradables que nos sean (y me incluyo a mí mismo).

Se ha hablado de los perjuicios causados por el corte de las pistas y el caos de equipajes consiguiente. De las vacaciones frustradas de muchos otros empleados (del mundo uníos…). Y es cierto. Es un desgraciado daño colateral de esa huelga, ahora que se habla tanto de esa expresión. Con la diferencia de que aquí no se ha matado a nadie. De que además, si la justicia funciona, se indemnizará presumiblemente a los consumidores víctimas del paro.

Pero todavía no he oído a nadie hablar en serio de los 2000 empleados que de la noche a la mañana se hubieran visto –por la desinformación de su empresa, Iberia, en gran medida- en la calle. Con una letra de la hipoteca o un alquiler que pagar. Con hijos a cargo. ¿Acaso debían esperar a ser despedidos para manifestar su descontento? ¿Alguien cree que un simple abandono de sus puestos hubiese servido para algo? Porque a pesar de los beneficios y dividendos distribuidos por Iberia en los últimos años, hay que decir que se les hubiese despedido a todos de no haber sido por su arrojo en ese momento.

¿Desproporcionado? Probablemente. ¿Inoportuno por el momento? Seguro. Pero uno no elige el momento en que le van a poner de patitas en la calle sin indemnización en virtud de esa expresión fantástica de las “causas objetivas de la producción”.

Lo que es desde luego insólito es que los directivos de la compañía Iberia, para la que trabajaban los “amotinados”, no se hayan dignado ofrecer explicación alguna sobre decisiones que se han revelado erróneas y han influido en el desenlace. La oferta presentada por esa compañía al concurso para mantener la concesión de los trabajos en tierra (2000 empleados) quedó la quinta de entre las ocho presentadas, y, según los expertos, era evidente que no podía ganar. A ese error de cálculo se unió una mala comunicación con los afectados, pues, según los sindicatos, se les hizo creer que el resultado del concurso les condenaba al paro, pasando por alto que el convenio del sector garantizaba la subrogación de contratos y que la propia empresa tenía la posibilidad -no ejercida hasta el mismo viernes- de pedir el autohandling (asistencia a los vuelos de la propia compañía), lo que equivalía a mantener el 75% de su plantilla en Barcelona.

Hubo también –qué novedad- error o desidia en la actuación de la empresa, sin informar ni asumir siquiera la obligación de dar un cepillo de dientes a quienes dejó en tierra, aumentando la sensación de abandono entre sus clientes.

Y como última cara de la moneda, se ha criticado la ineficacia político-policial para obligar a los amotinados a abandonar las pistas. Aunque no se trata de un asunto de certeza matemática, se comprende la cautela con que actuaron los agentes, dadas las circunstancias: por el riesgo objetivo y porque no sólo se trataba de desalojar a los huelguistas, sino de hacerles volver a sus puestos, sin lo que la normalidad no podría recuperarse. Con lo cual, en la creencia de que una vez más el gobierno actual ha actuado conforme a sus principios en la dirección de las fuerzas de seguridad, chapeau para los mandos del Ministerio del Interior. Ya saben los que me conocen que no es gratuito oírme decir eso.

Eso es todo de momento, amigos. ¡Disfruten del verano! (¡y no cojan el avión!).

Tony Fernández