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14 diciembre 2006

Dictadores y pantanos - 14.12.2006

Bruselas. Cielo azul. No llovía. En un día que no parecía tan contradictorio como piensa nuestro amigo Martial, se produce la muerte de Augusto Pinochet. El 10 de diciembre. El día en el que se conmemora cada año la Declaración Mundial de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.


Dice Benedetti que la muerte ha vencido a la justicia. Muchos hemos seguido con esperanza los numerosos procesos abiertos al dictador (nada de “ex”...eso se lleva hasta la tumba y más allá) por asesinatos y torturas. Primero fue el juez Garzón quien tuvo el valor de “estirar” las normas penales españolas y hacer pasar al monstruo por la humillación de estar detenido como un vulgar delincuente. Luego, los propios jueces en Chile le han retirado la inmunidad y le han llegado a imponer arresto domiciliario. A pesar de que no hubo sentencia condenatoria, lo cual hubiese sido un detalle en la reparación a las víctimas, se han sentado principios importantes: ahora ningún dictador podrá pasearse por ahí alegremente e impunemente. Y se lo pensarán dos veces antes de salir de su madriguera.


Porque dar un golpe de estado contra un gobierno elegido por sufragio universal, torturar a miles de personas, hacer desaparecer niños, perseguir a las familias de los sospechosos, ya no sale tan gratis. Y por mucho que algunos nostálgicos como Fraga declaren que Pinochet “dejó Chile mejor de lo que encontró”, evocando aquella teoría de los pantanos inaugurados por el generalito de El Ferrol, Pinochet fue un traidor –algo que debería ser una deshonra para los militares que aún le rinden honores-, un tipo con una voz horrible –será que para ser dictador hay que ser bajo, mezquino y con voz de pito...?- y un criminal. Tengo serias dudas de que el desarrollo económico de Chile de los últimos años se deba a su capacidad como gobernante –como muestra, la quiebra de los fondos privados de pensiones que el dictador impuso a los trabajadores del país-. De hecho, incluso sus antiguos partidarios –todos ellos con una ceguera "a la Saramago"- reconocen hoy que el dictador se hizo su fortuna en cuentas secretas de bancos extranjeros de forma corrupta. Por una vez, y sin que sirva de precedente, creo que mi querido Mario no tiene razón. La historia no absolverá a Pinochet. Quien patentó en latitudes más caribeñas esa frase autoindulgente debería tomar nota.
Terminaré con la frase con la que Salvador Allende, el presidente elegido por los chilenos y derrocado por Pinochet, se despidió de sus ciudadanos, asediado por los militares, a través de la radio:

"Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor".

In memoriam de todas las personas asesinadas, torturadas y desaparecidas por obra de la violencia fascista de Pinochet y sus secuaces, y de sus familiares y amigos, que sufrieron y sufren la angustia de la pérdida.

Tony Fernández

11 noviembre 2006

Tres elecciones - 11.11.06

Querido Tony,

Espero que estéis bien en Bruselas, y que no llueva demasiado. Pero como decía el amigo Martial, hay que animarse: sólo quedan 150 días de lluvia hasta que llegue el verano... Por aquí, como sabes, lo que asusta a todo el mundo es la inminente llegada del invierno. Todos (sobre todo los que, como yo, tienen un pedigrí tropical-mediterráneo) hablan del frío: que si nevará antes de Thanksgiving, que si hay que tener un buen abrigo, etc. Yo – gracias a María, desde luego – ya tengo un super abrigo que me permitiría ir al Polo Norte, si hiciera falta. Tiene una cantidad de cierres que asusta, e incluso tiene un forro polar interno, lo que hace con que me sienta una cebolla. Estoy tan preparado que casi tengo ganas de que nieve de una puta vez para ir de Cebolla Man por ahí.

Sin embargo, el frío no está llegando, lo que hizo las delicias de la gente que esperaba ansiosamente por Halloween. Por cierto: el Halloween fue mi primer shock cultural de verdad en Estados Unidos... No sólo porque la gente se curra mucho los disfraces (ya te acordarás de la cantidad de frikis que van por la calles), sino que hay un ambiente muy de carnavales por aquí. Resulta divertido ver cómo los yanquis, que suelen parecer muy conservadores, se despelotan completamente cuando llega Halloween. Las chicas van en trajes mínimos (unas de enfermeritas, otras de policías sexy, otras directamente en ropa interior – a una que iba así no me he atrevido a preguntar de qué iba -), y los tíos tampoco se quedan cortos: en una fiesta en la facultad había uno que iba de jugador de Waterpolo. ¿Te lo imaginas?

Fue divertido. Pero ahora ya parece algo muy lejano: se empieza a ver por ahí señales de la inminente llegada de Acción de Gracias y de la Navidad, y – desde luego - me ha entrado el agobio de los estudios: me queda un mes para el inicio de los exámenes y creo que no levanto cabeza hasta entonces... Pero el ambientillo de “trick-or-treat” está en el aire, como han demostrado las elecciones parlamentarias en Estados Unidos.

En todas las encuestas que se manejaban, se hablaba de una posible derrota electoral de los Republicanos en la Cámara de los Diputados. Entre Irak, Katrina, Rumsfeld, y escándalos de pedofilia y corrupción en el seno del partido, pongamos que nadie pensaba que el debate podría centrarse en temas locales... Pero fue una debacle de proporciones históricas: pese a la activa presencia de Bush en las campañas más reñidas, los Republicanos han sufrido una derrota que recuerda la derrota de los Demócratas en 1994, en la que perdieron el control de Cámara y Senado, dejando al gobierno de Bill Clinton en una situación complicada. Pues los Republicanos también han perdido el control del Senado.

Ahora se abre un período de interrogantes: quedan dos años para que termine el penoso mandato de George Bush y ahora él estará de manos y pies atados respecto de algunos de los principales temas de su agenda. Seguramente, no tendrá demasiado margen en Irak, ni tendrá carta blanca en temas de política comercial o de reducción de impuestos. Seguramente, Bush tratará de establecer cierto consenso alrededor de temas en los que podrá contar con cierto apoyo demócrata, como la política exterior (los momentos más agrios del contencioso con Irán o Corea del Norte todavía no se han visto).

Pero ahora Bush es más “lame duck” que nunca, y probablemente empezará la cuenta atrás para el final de su carrera política. Su legado: un mundo no es menos peligroso de lo que era el 12 de septiembre de 2001. E Irak. En este último particular, son muchas las voces en el Partido Demócrata que pide que se establezca una fecha para la retirada de las tropas estadounidenses. Me da mucho miedo estar de acuerdo con Bush en algo, pero creo que es un error y un acto cobarde. Dejarían a un "failed state" al borde del caos y de la guerra civil, y sin ninguna fuerza exterior que pudiera imponer un mínimo orden (no hay que contar con las Naciones Unidas - ¿qué país en su sano juicio enviaría tropas allí a estas alturas?). Pero creo que tampoco llegaríamos a conocer los detalles de la guerra civil en Irak: en cuanto se vayan los americanos (y hayan ejecutado a Sadam), Irak desaparecerá lentamente de las portadas de los diarios y de los titulares televisivos...

Pero no han sido las únicas elecciones de las últimas semanas... Como sabes, Lula se ha reelegido en Brasil. No ha sido la victoria apabullante que esperaban muchos hace algunos meses (muchas encuestas preveían una victoria suya en la primera vuelta), pero ha sido lo suficientemente amplia para que pueda presumir de contar con el apoyo de gran parte de la población, sobre todo los sectores más pobres de la sociedad (que son, en efecto, la gran mayoría). Entre la clase media-alta, los resultados de la elección se recibieron con una mezcla de resignación (al final, la economía de Brasil va bien, y la victoria de Lula es una garantía de pocos cambios) y despecho. La clase media de Brasil jamás quiso a Lula. En una actitud rayana al racismo, siempre le han visto como poco más que un analfabeto. Sin embargo, le han votado en 2002, porque todos creían que "le tocaba", tras 3 elecciones perdidas (una ante Fernando Collor y dos ante Fernando Henrique Cardoso) y un descontento generalizado con la gestión de Cardoso. Se esperaba un cambio en el area social, más honestidad en la política y que se reactivara la economía.

Considerando las enormes expectativas depositadas en Lula, su balance deja mucho a desear. Por un lado, ha tenido momentos brillantes en su política exterior, y se ha convertido en una referencia obligatoria de lo que en su momento llamaron la "cuarta vía", que era como la "tercera vía" de Blair pero llevada a cabo por gente con corazón. Durante los 2 primeros años de su mandato, Lula fue un superstar, y se paseó por el mundo recibiendo doctorados honoris causa y alabanzas por donde iba.

Pero su gobierno, por desgracia, no fue tan brillante: en lo social, hubo mejoras y programas que han calado, pero existe la impresión de que no se ha hecho lo suficiente todavía; en lo económico, ha dejado el mando de los principales ministerios e instituciones en manos de pragmáticos que han sabido gestionar la situación económica de una forma prudente. Pero en el terreno político, los escándalos de corrupción surgidos en el seno de su partido (del que incluso intentó distanciarse en las últimas elecciones) han lastrado su mandato. Quizás el gran problema de ese escándalo (me ahorro el tener que comentarlo, ya que esto me daría para un par de cartas) no fuera el que hubiera corrupción: era el hecho de que el Partido de los Trabajadores (PT) hiciera gala de su moralidad en la administración de Estados y ayuntamientos. Eran, a todos los efectos, "los puros". Por ello, la conclusión de que el PT también era un partido esencialmente corrupto supuso el final de una de las grandes ilusiones de la democracia en Brasil.

Lula, como Bush, también es un "lame duck". No cuenta con el control de Congreso y Senado, y su partido ha perdido muchos escaños. Sin embargo, en un sistema político fragmentario y pluripartidista como el brasileño, podrá contar con el apoyo de otros partidos (que pagará con ministerios) para gobernar. Aunque ello no invite al optimismo, la misma situación se hubiera dado en el supuesto de que la oposición se hubiera hecho con la presidencia - y seguramente habrían manejado el juego de las alianzas peor que Lula. Lula sigue siendo una figura muy popular, y una queja suya en el sentido de que no le dejan gobernar se tomaría muy en serio por la población.

Por último, llegamos a Cataluña. Tripartito II - la venganza. El charnego Montilla de presidente (es lo único que hay que celebrar - la idea de que un "no catalán" pudiera llegar a la presidencia de la Generalitat era algo que se acogía mal incluso en Madrid, como bien explicó en su día el ministro Sevilla - no, Sevilla no es el tío de los Mojinos Escozíos, aunque a veces lo parezca), Carod de conseller en cap (lo sería de todos modos, qué le vamos a hacer). A ver qué sale. Ojalá no se inventen Estatuts, etc., y traten de gobernar un poco, que la gente ya está harta de malos rollos. Me hubiera gustado estar ahí para escuchar lo que dicen en la COPE - que ya eran los ganadores de las elecciones catalanas antes incluso de que se celebrasen, ya que un gobierno CiU + ERC también habría sido la respuesta a los sueños más inconfesables de Jiménez Losantos... Torturas de niños castellanohablantes en la Polonia profunda, OPAs judeomasónicas contra las joyas de España que se fraguan en los pasillos de La Caixa, etc. Ya sabes de memoria todos los platos de carta...

Pero de OPAs entienderás más tú que yo, amigo Tony... Al final, todos los caminos llevan a Bruselas... Y al llegar a Bruselas, dejo de escribir - ya es hora de la comida y María ya me está llamando...

Dale besos a tu queridísima esposa de nuestra parte y disfruta de lo que te queda de finde. Vete al cine, si puedes. Si han estrenado Babel (la última película de Alejandro González Iñarritu, el tío que hizo Amores Perros), vete a verla. Te gustará. No te diré de qué va, pero la moraleja es la siguiente: si eres pobre, estás jodido. Ni siquiera mereces que terminen de contar tu historia...

Un abrazo,

Iván

Iván Rabanillo

02 septiembre 2006

Manos arriba (esto es...un aeropuerto) - 2.9.2006

Iván, güey: me asombras. Recién recuperado de una insufiencia tecnológica aguda (perdonen las molestias los -pocos- lectores…) y de un mes de agosto con cierta resaca de bodorrio a la española (con música de Paquito chocolatero incluida!), me encuentro con que estás realmente empeñado en que me preocupe por tus simpatías ocasionales hacia la causa del Imperio. Unos meses más al otro lado del Atlántico y te requerirán de portavoz cibernético los “neocons” [los francoparlantes notarán la ironía de este apelativo] de George Bush.

Primero fue la represión intelectual a los empleados huelguistas de Iberia con argumentos legalistas sobre la huelga (la huelga, camarada becario, es y será huelga aunque la ley no la acoja en su seno). Ahora me vienes, en tu última contribución centrada en las medidas tomadas en agosto en los aeropuertos británicos contra un supuesto plan terrorista, con que -y cito- “habrá que felicitar el trabajo llevado a cabo por los servicios de inteligencia de los países involucrados (Reino Unido y Pakistán)”.

Para que veas, cual Luke Skywalker en mis sueños infantiles (no, no soñaba entonces con ser abogado…aunque ver a Robert Redford en Peligrosamente juntos me hizo reconsiderarlo…), recojo el guante: esta vez te has pasado (al lado oscuro) alabando la última pantomima veraniega de la guerra contra el terror (¿o será para el terror?), liderada esta vez por Darth Blair y los agentes al servicio de su Majestad.

Hemos asistido en las últimas semanas a un bombardeo (sic) de noticias acerca de la actuación de los servicios de “inteligencia” (el entrecomillado es mío) británicos para desbaratar múltiples planes terroristas que pretendían hacer explotar aviones entre el Reino Unido y Estados Unidos. Resultados predecibles de esa supuesta operación antiterrorista: 1) caos en los aeropuertos de medio mundo; 2) más psicosis y más terror entre la gente que viajaba en avión; 3) abominables y absurdas medidas de seguridad en los aeropuertos… y fuera de ellos.

Como privilegiado viajero habitual en avión, te diré que desde el 11-S (sobre el que volveremos en unos días, cómo no) ir a un aeropuerto es un ejercicio estresante: estoy harto de ver la rudeza de los guardias en los controles de los aeropuertos, cómo me manosean, cómo lanzan mis pertenencias por la cinta sin miramientos, cómo me escrutan para ver si llevo una bomba en mi interior. Se siente uno acojonado (sin perdón).

Eso como viajero. Como ciudadano, ya ni te cuento. La CIA (o sus colegas del MI5 en Londres) me puede descerrajar sin más un tiro legalmente porque la licencia para matar está convalidada ya no sólo en las pelis de Bond James Bond sino en la realidad.

Y todo eso…¿por nuestra seguridad? Pues yo me siento más inseguro.

Primero, porque como he dicho me acojonan. Si me encuentran un cortauñas en el equipaje de mano o mi jeta sin afeitar les recuerda a algún miembro de Al-Qaeda, igual me envían 5 días a una celda, sin abogado, y sin derecho a avisar a nadie. No se lo deseo a nadie inocente. He leído que en Florida privaron de libertad 24 horas a una señora por llevar una sustancia sospechosa en el biberón…según dicen porque ahora los terroristas podrían utilizar líquidos para fabricar bombas…increíble. Hace siglos que los líquidos pueden servir de explosivo, pero nos venden noticias de este tipo para demostrar que los malvados están maquinando constantemente para cargarse más gente.

Y segundo, porque esas medidas son ineficaces en la mayor parte de los casos. El otro día me subí al avión sin darme cuenta con brocas de taladro (!) y no me impidieron el paso. Los guardias de Barajas o El Prat miran el 80% del tiempo hacia otra parte en las pantallas de rayos X. Los cacheos, con los agobios propios del aeropuerto, casi nunca son exhaustivos de verdad (ya de hacerlos, digo yo que la coherencia dicta que deberían hacerlos “bien”, latex incluido).

Con mis comentarios no quiero frivolizar. Hemos visto muchas personas muertas por atentados terroristas a nuestro alrededor. Y más allá de los muros y alambradas de nuestros países “civilizados” (que esos también mueren, no sólo los del 11-S, los del 11-M y los del 7-J). Hay amenazas reales de gente chalada. Pero no se solucionarán –y en esto soy categórico- por la acción de agencias de espías que actúan al margen de la ley.

No necesitamos misteriosas operaciones de las que nunca se sabe nada concreto, sólo que sirven para que los gobiernos y sus soldaditos invadan nuestra intimidad, nuestros emails, teléfonos, etc. sin control alguno y suspendan arbitrariamente derechos fundamentales. No necesitamos 23 detenidos que permanecen casi un mes sin ser puestos a disposición de un juez (¿qué les hacen durante ese tiempo?, digo yo…, aparte de torturarles con los peores métodos).

No más Guantánamos. Nada de eso sirve para prevenir atentados. Dejen de investigar en instalaciones gubernamentales (no hace falta ir a Irán para eso) nuevos métodos mortíferos de gran alcance. Dejen de financiar directa e indirectamente grupos de chalados en el mundo entero (léanse si pueden el interesante aunque expresionista testimonio de Robert Baer en Soldado de la CIA sobre lo patética que se ha vuelto esa agencia y las demás que funcionan en EE.UU en temas de seguridad nacional). Si arman grupos terroristas hasta los dientes para que desestabilicen países cuando les interesa –hay muchos ejemplos-, no esperen luego que se porten bien cuando otro les paga más para desestabilizar al suyo. Hagan uso de mecanismos de cooperación judicial internacional –siempre que haya garantías para los detenidos-. Hagan uso de la cooperación policial (que no militar!) dentro de la legalidad. Acaben con los paraísos fiscales que sirven de depósito a todos los Bin Laden de este mundo.

Es vergonzoso que casi nadie ponga el acento en estas medidas. Querido Iván, podemos comentar este tipo de noticias al estilo analista Financial Times y darnos una palmadita en la espalda por lo bien que parecen haber funcionado los 007 de este mundo. Pero si nos ponemos serios, esto no es una partida de póquer. Hay que hacer frente a los verdaderos problemas. Y eso pasa, además de por lo mencionado arriba, porque se acaben las mentiras y las medias-verdades contadas a través de la Fox y la CNN.
Que la fuerza nos acompañe.
Tony Fernández (desde Zaventem, aeropuerto de Bruselas)

08 agosto 2006

Al otro lado del Canal - 12.8.2006

La historia de este cuaderno de bitácora es una historia de promesas incumplidas. En mi último texto, prometí hablar del verano y de libros - y, en efecto, mis apuntes hablaban de Albert Camus, de una vieja edición de bolsillo de 'El verano' (publicada por Alianza) y que leí hace muchos años, cuando todavía vivía en Brasil, y cuyas páginas amarillentas hablaban de Orán y rebosaban de luz mediterránea... Asimismo, hubiera querido hablar de mi promesa, eternamente renovada (y siempre incumplida) de dedicar un verano a la lectura de 'En busca del tiempo perdido', de Proust... Y por último, un 'travelling' lateral de un viaje en tren en Castilla y León... Pero a mi me ocurre lo que le sucedía a Cees Nooteboom en 'El desvío a Santiago': siempre parece haber algo que me distrae del objetivo inicial y me lleva a una carretera secundaria.

Me enteré de la operación antiterrorista llevada a cabo en el Reino Unido en Valladolid. Ya por la calle escuchaba los comentarios de la gente: "¿Habéis visto lo de Londres?". Y lo malo de estar de vacaciones es que cuando uno quiere enterarse de lo que ocurre en el mundo, a veces no puede hacerlo... Sin internet y sin televisión, tuve que satisfacerme con la información que me llegaba de parientes - y sólo en la mañana siguiente, ya en el aeropuerto de Barajas, pude informarme de los detalles que poco a poco trascendían a la prensa. El asunto me afectaba directamente: dentro de una semana, me iré a Nueva York vía Heathrow, y me temo que mi preciado portátil estará en manos del personal de tierra de Iberia en el aeropuerto del Prat... El hecho de que Tony les tenga simpatía no llega a tranquilizarme (¿por qué será?).

Aparte consideraciones personales, la información proporcionada en relación con la operación antiterrorista llevada a cabo en el Reino Unido es inquietante: por un lado, reactiva los temores de una masacre en gran escala en Europa con el sello de Al-Qaeda (masacre que incluso hubiera podido coincidir con el 5o aniversario del 11-S); asimismo, el supuesto plan desbaratado por los servicios de inteligencia británicos - explosiones simultáneas en varios vuelos con destino a Estados Unidos, empleando explosivos líquidos de fácil detonación - podría haber dado lugar a una cadena de atentado imposible de detener. A mayor abundamiento, el supuesto plan terrorista suponía una evolución de los métodos empleados por Al-Qaeda y sus comandos satélites: en la medida en que ya no es posible secuestrar aviones - el pasaje seguramente atacaría a los terroristas -, la única estrategia posible pasaría por su destrucción inmediata.

En primer lugar, en el supuesto de que se confirme la existencia de este plan y su inminente ejecución, habrá que felicitar el trabajo llevado a cabo por los servicios de inteligencia de los países involucrados (Reino Unido y Pakistán). Para los británicos, se trataría de un logro que les permitiría sacar pecho tras los errores cometidos en los atentados del 7-J (principalmente, el asesinato del brasileño Jean Charles de Menezes a manos de la policía). Pese a que hay sectores críticos con el revuelo armado a raíz de la operación policial - hay quien pone en duda la inminencia del ataque, y considera que la operación tendría como objetivo dar un espaldarazo a la política internacional de Blair -, la magnitud de los planes terroristas requería una actuación rápida. En este caso, la prudencia aconseja a dar al gobierno británico el beneficio de la duda.

Otro aspecto que ha llamado la atención de los medios fue la detención de más de 20 presuntos implicados en la trama. Todos los detenidos tenían la nacionalidad británica y se habían criado en Inglaterra. La mayor parte de ellos tiene origen paquistaní. Algunos, no obstante, son personas que adoptaron el Islam como religión ya en la edad adulta - es decir, que no tenían mayores lazos con la religión islámica con anterioridad a su conversión. Además, todos eran extremadamente jóvenes, con edades que, en la mayoría de los casos, no sobrepasaban los 20 años. La pregunta que se hace ahora en el Reino Unido es la misma que se hizo tras los atentados del 7-J: ¿por qué?

La respuesta no es fácil. Desde luego, hay que admitir que la comunidad islámica en el Reino Unido se ha radicalizado desde los citados atentados. Sectores de la comunidad islámica y diputados de origen musulmán denuncian la creciente islamofobia por parte de la sociedad británica. Por supuesto, la política exterior del gobierno laborista tampoco contribuye de forma positiva a reducir dicha percepción. Además, se habla de la escasa implantación de políticas dirigidas a la integración de inmigrantes en la sociedad, etc. Pero ¿el surgimiento de terroristas en el seno de la sociedad británica se debe a estos factores? Probablemente no. Si bien es cierto que un musulmán británico seguramente tendrá motivos para sentirse incómodo, el terrorismo local no tiene sus raíces ni en el bienestar (los terroristas del 7-J, por ejemplo, no tenían problemas de inserción laboral, como podría ocurrir en países abiertamente racistas desde el punto de vista laboral como España o Francia) ni en un supuesto rechazo de los símbolos sagrados del Islam por parte del Estado (en este sentido, el Reino Unido tiene un modelo mucho más flexible y tolerante que el de Francia o Turquía, para citar apenas dos ejemplos).

Quizás la respuesta esté en un deliberado rechazo a ciertos valores de la sociedad británica. Timothy Garton Ash, en un artículo publicado en El País (anterior a los acontecimientos del jueves pasado), presentaba encuestas que revelaban que entre los británicos de origen paquistaní existía un sentimiento de pertenencia al llamado "país de origen" bastante superior al verificado en otros países. Asimismo, la encuesta dejaba claro el malestar de los encuestados con el papel de la mujer en la sociedad occidental. Naturalmente, hay que recibir con cautela esta clase de encuestas: los racistas y los grupos más conservadores pueden utilizar estos datos para justificar un giro conservador en materia de integración social.

Pero quizás esto sirva para eliminar cierto complexo de culpa de las sociedades occidentales hacia el fenómeno del islamismo radical: si la alienación de los militantes islamistas tiene su origen en las mismas causas que llevan a que un joven se convierta en un skinhead (por ejemplo), entonces la fórmula para combatir este mal sea más conocida de lo que se suele pensar: reafirmación de los valores humanistas de la sociedad occidental, inversión en formación e información y, finalmente, actuación dura contra los ideólogos que seducen a los adolescentes insatisfechos con la sociedad a adoptar una causa idealizada, estén ellos en Europa o en Karachi. Finalmente, no hay que olvidar que para cada terrorista hay un número exponencialmente superior de ciudadanos de origen musulmán que aborrecen a Al-Qaeda. Por ello (y por ellos), hay que resistir a la tentación de hablar en un "choque de civilizaciones" - aunque sea necesario comprometerse firmemente con los valores esenciales de nuestra sociedad: libertad religiosa, respeto a legalidad e igualdad de géneros. En el largo plazo, estos valores son nuestra mejor defensa contra el terror.

Iván Rabanillo

25 julio 2006

Fuego cruzado - 25.7.2006

El pequeño Iván me ha pillado a contrapié, aunque es plenamente justificable. Después de nuestros coqueteos con la pelota, íbamos a pasar a una religión menos divertida, la católica, para hablar de los desvaríos de su patriarca, el Papa de Roma. Y he aquí que me hace una finta y se planta de lleno en el más reciente escenario de la lucha entre las otras dos “grandes” religiones monoteístas, el islam y el judaísmo.

Líbano. Casas destruidas. Civiles huyendo de los escombros. Niños ensangrentados llevados en brazos hacia no se sabe dónde.

Si no fuese por la fecha de arriba, uno pensaría leyendo este travelling de reportaje periodístico que estamos de vuelta en los ochenta, cuando “Beirut” era para muchos de nosotros, entonces niños, una cuña obligada en los informativos. Pero no. Aunque haya retrasado –mea culpa- mi respuesta a las reflexiones de mi querido vecino, no había nada que temer en cuanto a la pérdida de actualidad de este asunto. El berenjenal de horror de Oriente Medio, con Palestina como punto central (con el permiso de Irak, sobre el que volveremos a buen seguro), lleva el triste camino de batir los records de longevidad de aquellas guerras de los treinta y los cien años que contenían nuestros libros de texto y que nunca llegamos a entender del todo.

Esas escenas de destrucción absurda siguen bombardeando nuestra pantalla y las portadas de periódicos sin que se nos expliquen con un poco de claridad las partes, las causas y el desarrollo del conflicto. Nombres como Hezbolá, Israel, Hamas, Gaza, Altos del Golán, Siria, Cisjordania siguen siendo un enigma para la mayor parte de televidentes. Mi ponderado vecino ha tenido la comprensible tentación de buscar una explicación a la coyuntura actual, al capítulo de ahora, poniéndose en la piel de Goliat (ironías del destino, Israel ha dejado de ser David para convertirse en el gigantón) y tratando de ver cómo salir de la crisis de estos momentos. Es en cierta medida bueno adoptar esta actitud, máxime teniendo en cuenta que desde Europa se mira con cierta simpatía e indulgencia la causa de los palestinos –cómo no sentirse identificado de alguna forma con quien combate habitualmente los misiles de los helicópteros israelíes con piedras y cócteles molotov-.

No obstante, lo de ahora no parece más que una orgía de bravuconadas militaristas de unos y otros, lanzando cohetes y misiles ¡inteligentes! sobre la población civil, destruyendo las infraestructuras de un país que apenas comenzaba a dejar atrás esa imagen de campo de batalla cotidiano. Una puesta en escena barata de la llamada diplomacia de Estados Unidos y la (des)Unión Europea, haciendo viajes de placer y lanzando cada día declaraciones abstractas que más que diplomáticas son cobardes. La diplomacia no debería ser el arte de no decir nada sino el de decir lo que no gusta sin que eso levante regueros de sangre. Fracaso.

El análisis que hace Iván es sin duda correcto en el corto plazo. Pero hay muchas variables que tener en cuenta que exceden del espacio que nos concedemos para no aburrir al lector. Dejando unas pinceladas apuntadas para futuros debates con una perspectiva más amplia, el Estado de Israel se constituyó en un territorio que pertenecía a otro pueblo como una compensación por los agravios históricos inflingidos por el antisemitismo europeo, con el holocausto nazi como último pedaño del genocidio. Desde entonces se busca rehabilitar el estatus de los territorios palestinos y de los millones de refugiados que algún día desearían volver a su tierra o a lo que queda de ella. La religión crea sin duda una barrera difícil de franquear para afrontar una salida viable y respetuosa con los deseos de paz y prosperidad de todos los afectados. Pero antes de llegar a esos obstáculos, convendría –como siempre he defendido- dejar a un lado la nefasta influencia externa de los actores extraños al conflicto. Bush habla de la "mierda de Hezbolá", la guerrilla chií del Líbano, una de las partes del conflicto actual, olvidándose que los gobiernos del país que preside llevan defecando en esa zona, es decir, armando hasta los dientes a unos (Israel de forma directa) y a otros (los palestinos de forma indirecta) desde hace décadas. De hecho, sin ser muy amigo de la teoría de la conspiración, esto más parece una feria de pruebas de nuevos y sofisticados inventos sangrientos a beneficio de las industrias de guerra (yankees) que un conflicto con algo sustancial de fondo. Los soldados secuestrados no son más que un pretexto patético. Como las armas de destrucción masiva de Irak. Ahora no hace falta mucho para invadir un país. Y para no ser autoindulgente, Europa y sus miembros no se han caracterizado precisamente por un control del tráfico de armas muy riguroso que digamos. Si los ánimos están exaltados, lo mejor no es facilitar al personal armas con las que degollarse. Lo sabemos bien en Europa después de un siglo de guerras fratricidas.

Así que para parar esta matanza y el éxodo de un país, el Líbano, cuna de nuestra (in)civilización, es preciso una mediación contundente e imparcial –no es correcto pedir el desarme a Hezbolá cuando Israel es como apuntaba el pequeño Iván un grave infractor de la legalidad internacional junto-. Es necesario además la interposición de una fuerza de Naciones Unidas –no de la OTAN- que sirva de contención entre los dos bandos, y un apoyo sólido y decidido al gobierno libanés, cuya debilidad es clave a la hora de explicar por qué Hezbolá es hoy una especie de para-Estado dentro del Estado. Por último es indispensable sentar de una vez por todas a los demás actores que están metidos hasta el cuello manipulando el sufrimiento de los ciudadanos palestinos e israelíes. Irán, Siria, Egipto, Jordania, Arabia Saudí, además de Estados Unidos, Europa y Rusia, han de sentarse a la mesa de negociación y dejar de entorpecer y frustrar las esperanzas de los ciudadanos de a pie israelíes y palestinos que no apoyan las medidas sanguinarias y los abusos de poder de sus gobernantes.

Una solución viable es ésa, más allá de tacticismos militares vacíos y de las interpretaciones de analista de opereta que hacen muchos columnistas en la prensa que no han entendido nada a lo que se juega en el tablero de Oriente Medio.

A partir de ese primer paso, será preciso abordar de una forma paciente pero firme un proceso de paz que hasta la fecha ha sido más proceso que paz.

Tony Fernández

18 julio 2006

Contra todos los enemigos - 17.7.2006

La crónica de esta semana empieza con un imprevisto: antes de que el gran Tony se marchara a Estocolmo, habíamos acordado que el tema de esta semana sería la visita del papa Ratzinger a Valencia. Sin embargo, antes de que pudiéramos ponernos manos a la obra con este tema, la actualidad se encargó de relegar la homilía de Ratzi a un segundo plano. Por un motivo sencillo: mucho más importante que discutir si una familia monoparental es una familia es una situación en la que personas están perdiendo lo que ellas llaman “familia” (con independencia de la clasificación papal). Y esto está ocurriendo ahora mismo en Líbano y en Israel. El apasionante debate sobre el Vaticano queda, pues, aplazado.

El día ha empezado con una nueva gafe de George W Bush en la cumbre del G-8: en una conversación privada con Tony Blair, no se ha percatado de que había micrófonos abiertos, y dijo esta frase: “Hay que hacer con que Siria convenza a Hezbolá a parar con esta mierda”. Puede que haya sido una gafe, pero esta vez Bush no ha dicho ninguna estupidez. Pese a que la mayor parte de la opinión pública europea está asentada en la idea de que los israelíes son genocidas bárbaros, creo que hay elementos por detrás de esta crisis que deben recordarse antes de llegar a una condena tan amplia de Israel:

¿De quién se defiende Israel? – En los últimos días, se ha dicho que “Israel es la única nación agresora en este conflicto” o “Líbano no constituye una amenaza a Israel”. Efectivamente, Líbano, en cuanto país y potencia militar, no es (y ni podría ser) una amenaza a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Con todo, se trata de un argumento que ignora el carácter fragmentario y débil del Estado libanés. Líbano es un país que todavía tiene abiertas las dolorosas heridas de una de las más cruentas guerras civiles que se recuerdan, y en el que el Estado tiene grandes hipotecas pendientes: el miedo a un nuevo conflicto entre sus facciones étnico-religiosas, la influencia de Siria (que sólo recientemente, y tras movilizaciones por parte de la población libanesa – la llamada “revolución del cedro” – retiró a sus tropas del territorio libanés, y la presencia de Hezbolá en la sociedad libanesa. Hezbolá fue el primer grupúsculo terrorista a establecer una estrategia político-social que ahora está en boga en los países de la zona: por un lado, justificaba su actuación terrorista por la resistencia al agresor sionista (con un agravante: Hezbolá puede presumir de haber resistido a Israel durante años, y de haber contribuido de forma decisiva a la retirada de las tropas israelíes del sur de Líbano), y por el otro, ha sabido aprovecharse de la ineficacia de las instituciones del Estado para crear un para-Estado popular entre la población civil, y en el que posee un control casi absoluto. Hezbolá no está bajo el control del Estado libanés; en efecto, es el Estado el que debe doblegarse ante la agenda marcada por Hezbolá y coordinada desde el exterior por sus patrocinadores, Siria e Irán. Tanto es así que en los últimos días políticos locales pedían a la comunidad internacional que les ayudaran a controlar a Hezbolá... Por tanto, la primera premisa de este conflicto es la de se trata de un conflicto entre Israel y Hezbolá, en el que un Estado inexistente paga los platos rotos de su debilidad.

¿Cómo ha empezado este conflicto? Pese a la tendencia de la prensa europea a identificar el inicio del conflicto con el secuestro de soldados israelíes, los ataques de Israel se deben al ataque con misiles perpetrado por Hezbolá en el norte de Israel. Con independencia de que la respuesta de Israel haya sido desproporcionada (lo es) y que haya causado un daño irreparable en infraestructuras de las que se beneficiaba la población civil, y no Hezbolá, hay que recordar que Hezbolá es una amenaza real y que cuenta con armamento proporcionado por Siria e Irán. En efecto, sus misiles son capaces de alcanzar a Haifa, y seguramente estarán en condiciones de atacar a Tel Aviv. La moral de sus tropas están crecidas, y ellos saben que este ataque les rendirá grandes réditos si la comunidad internacional interviene de forma poco contundente (supuesto más probable a fecha de hoy). Y este ataque de Hezbolá no fue un ataque planificado en un par de días, sino que es la consecuencia de todo un despliegue de posiciones a lo largo de la frontera con Israel. ¿Hay que parar a Hezbolá? Sí, desde luego. ¿Pero quién lo podrá detener? Desde luego, no será el Estado libanés. Pero tampoco serán los bombazos de la aviación israelí.

¿Quién gana con este conflicto? Desde luego, no es Israel. La opinión pública árabe no perdonará una nueva agresión de Israel contra un Estado árabe, y seguramente esta operación contribuirá a la radicalización de las poblaciones de los Estados vecinos (Líbano, Siria, Jordania, Egipto). La guerra de la opinión pública la tiene perdida, por más que los cazas israelíes tiren octavillas sobre Beirut con consignas de que Hezbolá es el verdadero enemigo. Lo es, pero no convencerán a nadie con bombas. Israel seguramente perderá la batalla moral, pero no pueden permitirse perder la batalla militar. Hezbolá está en condiciones de presumir de resistir al invasor sionista y podrá fortalecerse más con este conflicto, máxime si sus principales líderes logran sobrevivir. Y expandirá su autoridad moral a toda la zona. A su vez, Irán y Siria ganan mucho; tendrán en Hezbolá su punta de lanza contra Israel y, a la vez, no se ensuciarán las manos en un conflicto directo. En Damasco y Teherán reina la alegría y la impunidad.

¿Cómo terminar este conflicto? A Israel le conviene un alto al fuego en los próximos días, pero no pueden regalar la victoria moral a Hezbolá. No ayuda nada el hecho de que altos mandos militares hagan declaraciones subidas de tono, rozando la fanfarronería. Deberán retroceder (incluso porque esta ofensiva es insostenible), pero logrando una intervención internacional dura en Líbano. Naturalmente, juega en su contra el hecho de que son el país que más y más sistemáticamente ignora la legalidad internacional (al respecto, es una broma macabra que reclamen el cumplimiento, por parte de Líbano, de la Resolución de la ONU que insta a la desaparición de Hezbolá, cuando Israel incumple la Resolución que les conmina a retirarse de los territorios ocupados en Palestina). En el fondo, esto no terminará. Como en la película “Free Zone”, del cineasta israelí Amós Gitai, que empieza con una imagen picassiana de Natalie Portman llorando mientras una canción espeluznante describe una espiral de violencia que nunca termina, que no puede terminar.

Iván Rabanillo