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04 abril 2007

Ejpain en Primera - 4.4.2007

El otro día nuestra amiga Sara nos envió un mail llamando nuestra atención para el comentario que hacía la crítica del NY Times acerca de la exposición "Facing Fascism: New York and the Spanish Civil War", en el Museo de la Ciudad de Nueva York.

Casi siempre, todo lo que sale en el Times sobre España es de una ignorancia folclórica acerca de España. Por lo general, los artículos son escritos por algún yanqui que se pasó con la sangría o que quizás leyó el Homenaje a Cataluña de Orwell en la adolescencia (ambos, naturalmente, son pecados de juventud). Siempre nos reímos de ello, con mayor o menor grado de cabreo. Por ejemplo, el famoso artículo en el que decían que Madrid era provinciano no nos ofendió, ya que había salido uno sobre Barcelona un mes antes que dejaba la ciudad genial. Pese a que ya he perdido la nacionalidad catalana (al final, ni vivo ni trabajo en Cataluña, y no soy del Barça, para más inri), sigue pareciéndome gracioso que alguien se ría de la megalópolis gallardoniana.

Ejemplos:

1) El pasado 11 de febrero, sale en el Times un artículo titulado "Spain Says Adiós Siesta and Hola Viagra" (http://www.nytimes.com/2007/02/11/world/europe/11spain.html?ex=1328850000&en=990713b8ac0bbbf9&ei=5088&partner=rssnyt&emc=rss). No quiero entretenerme demasiado describiendo los detalles del artículo, pero basta con decir que el primer párrafo decía que hace algunos meses un hombre entró en una farmacia de Madrid, sacó dos pistolas de juguete y dijo a los dependientes que le dieran todo el Viagra que tuvieran. Dos horas más tarde, en lo quizás sería un gesto de gratitud, el mismo hombre volvió a la farmacia con dos ramos de rosas. Fue detenido.

Me ha parecido extraordinario enterarme por el NY Times de una noticia que igual habría salido en los diarios gratuitos que se distribuyen en el metro. Vaya nivelazo. Profundamente representativo del hecho de que los españoles estamos (más bien "están", que en estos casos reivindico mi nacionalidad brasileña) cansados de ser unos pichas flojas.

2) En el artículo "Leader pushes Spain to left, rejecting calls to slow down"(http://travel.nytimes.com/2006/12/13/world/europe/13spain.html), ZP es puesto al mismo nivel de Chávez, Fidel y otros comunistas peligrosos que amenazan la seguridad de la pobre gente que lo único que desea de la vida es una hipoteca a 40 años. Me ahorro las descripciones de las barbaridades cometidas por ZP (reconocer los derechos de homosexuales, meterle caña a la sacrosanta madre Iglesia), pero me quedo con la gente entrevistada por el reportero. En teoría, un reportaje debería recoger una opinión en contra, otra a favor y una tercera neutral. Ya. Pues aquí tenemos que la opinión en contra era de Ignacio Astarloa (descrito en el reportaje como uno de los miembros (sic.) más influyentes del PP). La opinión neutral era de un cierto Emilio Lamo de Espinosa, "a founder of the Elcano Royal Institute" (¿alguien conoce a esa gente?), y que se suscribía a las tesis aznarianas de la balcanización de España. Finalmente, la opinión pro-ZP era de un tío que no quiso identificarse (el reportaje hacía hincapié en que sólo hablaba bajo la condición de permanecer anónimo) y que decía que ZP "no era un "leftist" (¿podríamos traducir el término como "izquierdoso"? Joder, si en EEUU un "liberal" es un tío de izquierdas, "leftist" es Kim Jong Il), sino que un demócrata radical".

Tras este artículo, creo que una de las prioridades del Ministro Moratinos sería la inclusión de España en el eje del mal. Como diría Aznar, debemos jugar en Primera. Como el Valladolid, que va a ascender a la Liga de las Estrellas, ¡y con dos cojones! (que conste que soy hincha del Pucela).

3) Finalmente, el artículo sobre la exposición sobre el fascismo (http://query.nytimes.com/gst/fullpage.html?res=9C04E4DA1530F937A15750C0A9619C8B63&sec=&spon=&pagewanted=print). Para gracia, me quedo con las palabras de Sara, que lo presenta como "Como confundir el tocino con la velocidad, según el New York Times", y llama la atención para el párrafo en el que se dice que "la visión tiránica de Franco jamás llegó al nivel de los planes locos de Hitler o de la empresa demoníaca de Stalin, lo que podría citarse como uno de los motivos de la fácil transición de España a la democracia tras la muerte de Franco". Me faltan las fuerzas para celebrar semejante rehabilitación histórica de la memoria del Caudillo... ¡Y en el NY Times! Sin palabras propias, me quedo con las de Sara "y cómo hablar de algo sin tener ni P... idea de lo que es mantener a un país bajo una dictadura 45 años...".

Visto lo visto, creo que en muy poco tiempo El Mundo será un diario que estará codo con codo con el Times. Hoy por hoy, no veo mucha diferencia...

Iván Rabanillo

12 octubre 2006

Libertad, Igualdad, Sexualidad - 12.10.2006

Ahí me has pillado, pequeño Iván. Ciertamente todavía no existe una serie “Sexo en Bruselas” con la que poder realizar un estudio comparativo y contrastar –como tan brillantemente has hecho- si las vivencias de la serie se reproducen en la realidad de esta ciudad apacible. No obstante, teniendo en cuenta que durante mi estancia en Nueva York tuve oportunidad de presenciar como espectador asiduo la famosa serie de TV –reponían capítulos 4 ó 5 veces por semana en diferentes canales…-, me permitiré analizar el fenómeno que va ligado a la misma y que refleja a las claras que hoy los revolucionarios franceses de 1789 hubiesen cambiado su eslogan por el del título…

Sí, lo habéis adivinado. Hoy, a pesar de que algunos lectores saben que suelo ser “libe libe liberal” me pondré un poco moralista. Una cosa es considerar que el sexo es algo maravilloso y que hay que acabar con la represión absurda pregonada por la Iglesia y sus cachorros puritanos que ocupan los poderes fácticos (curiosamente donde más “pervertidos” suele haber…). Y otra considerar que el sexo es una banalidad, una mera frivolidad o una parcela vital en la que todo vale.

La estética de "Sexo en Nueva York" es un poco woodyallense. Es decir, películas protagonizadas por ciudadanos de Manhattan, con una posición económica desahogada, que no se sabe muy bien en qué trabajan, o si ni siquiera trabajan, y que no paran de hablar sin escucharse los unos a los otros. Este modelo ha llegado con éxito a la televisión. Y debo reconocer que al principio la estética me parecía un poco rompedora y atractiva. Con el tiempo, he variado de opinión. Un poco -salvando las distancias, claro- como cuando uno lee el extranjero de Camus y siente simpatía por el extranjero y luego se da cuenta de que es un capullo en muchos aspectos morales.

El hilo argumental de esta serie es bien simple: cuatro amigas solteras neuróticas, con todo el tiempo del mundo para aburrirse, se pasan, día sí y día también, hablando de sexo, vacilando de cuánto chuscan y cotorreando sentadas en la mesa de una cafetería o acudiendo a alguna fiesta privada. La protagonista (Carrie, ahora alter ego de Sarah Jessica Parker) es una pseudo-periodista que escribe una columna sobre sexo, lo que sirve de excusa para presentar sus folleteos y los de sus amigas como una especie de un análisis de campo de un macroestudio científico. Vamos, como Gran Hermano, pero en la ficción.


Los capítulos siguen casi siempre la misma estructura:


- Carrie se encuentra por la calle a una amiga a la que hace mucho tiempo que no veía. La amiga le dice a Carrie que es lesbiana, o bien que se ha casado, y Carrie abre los ojos de par en par, atónita por lo que ha cambiado su antigua amiga, ya que, la última vez que la vio (es decir, cuando tenían quince años), estaba soltera.


- Carrie se lo cuenta a sus amigas, solteras como ella, y empiezan a marujear y a poner verde a la
ex-amiga, en plan, “qué idiota es, casarse con lo bien que se está soltera”, o bien “mira que hacerse lesbiana, con lo bueno que es disfrutar de un buen pene”.


- Acto seguido, Carrie y sus amigas chuscan con hombres y creen ver en sus relaciones un reflejo de la inquietud del episodio correspondiente. Si una se lía con un tipo que le propone matrimonio, Carrie piensa: “Lo sabía, el matrimonio es la plaga actual”. Si se encuentran en una fiesta a una lesbiana, Carrie deduce: “El lesbianismo también está dentro de mí, porque atraigo a las lesbianas”.


- Luego, todas ellas cortan con sus parejas, y se van de fiesta a celebrar su amistad y su heterosexualidad, mientras se oye, en off, la voz de Carrie que sentencia su filosofía al respecto del tema planteado.


“Sexo en Nueva York” nos presenta en realidad a unas treintañeras un poco ridículas, que no han superado la edad del pavo y que temen la llegada de la menopausia. En el fondo, son chicas que buscan a su príncipe azul para casarse, pero no lo encuentran porque los hombres son como son: unos asquerosos egoístas cargados de defectos. Si encuentran a un hombre que no se quiere casar, cortan con él porque huye del compromiso. Si, por el contrario, dan con alguien que les propone matrimonio, cortan porque dicen no soportar la idea del matrimonio. (Tengo que decir que este último punto me dio idea de la poca altura moral de la protagonista y líder del grupito. Después de engañar a su novio –un tipo tierno y romántico - con un hombre casado, todavía encuentra motivos para quejarse de su desgracia...aquella desfachatez me marcó, qué quieren que les diga...)


Pero lo más divertido de “Sexo en Nueva York” es que, intentando hacer un retrato sofisticado de la mujer, la serie describe cierta chabacanería de sus personajes protagonistas (cambien a las chicas por Alfredo Landa, Antonio Ozores y José Luis López Vázquez...y no notarán mucha diferencia):


- Para empezar, son mujeres que no tienen inquietudes culturales. No leen, apenas viajan o van al teatro y, como mucho, alguna vez se dejan caer por algún cine. No les preocupa la política ni aparecen nunca leyendo un periódico.


- Están todo el día cotilleando y preocupadas por su imagen. Su mayor problema es qué vestido ponerse para salir por la tarde, o adivinar qué zapatos combinan con la decoración del restaurante al que van a ir a cenar.
© Manolo Blahnik



- Son envidiosas por naturaleza. Si van invitadas a una fiesta, lo primero que hacen es poner a la anfitriona a caer de un burro. Se emborrachan en la fiesta, hacen el ridículo, intentan ligarse a todos los tipos casados, y se despiden insultando a la persona que las ha invitado.


Aparte de eso, los personajes femeninos están dibujados según una serie de estereotipos banales:


- Carrie. La lista. Es la periodista. A pesar de su profesión (o, precisamente, por ello), no lee nunca nada. Los temas y las conclusiones de sus columnas no surgen por las lecturas que realiza, sino por las conversaciones de sus amigas. Tiene tanta alergia a los libros que se pasea por todas las tiendas de Manhattan, pero nunca aparece en una librería. Los personajes de Woody Allen, al menos, leen.


- Samantha. La ninfómana. Es la que tiene los cascos más ligeros, y, por supuesto, es la rubia de bote. Presume de haberse cepillado a media Norteamérica. Como a Carrie, le sobra el tiempo libre.


- Charlotte. La guapa. Es la chica finolis, la elegante, la más recatada de todas. Es la que mantiene relaciones más largas, es decir, que le duran más de una noche.


- Miranda. ¿La fea?. Es el contrapunto de Charlotte, y, sin llegar a la promiscuidad de Samantha, también le tira a todo lo que se mueve. Ella dice que es abogada, pero trabaja menos que Ally McBeal (lo que ya es decir).


¿Conclusión? Quédense con los restaurantes y cafeterías que visitan las protagonistas de la serie. El resto...mucha mirada sucia y poco mazapán. Mayormente.



Tony Fernández

08 octubre 2006

Panorama sexual de Nueva York - 8.10.2006


En primer lugar, debo disculparme por la demora, pero tenía buenos motivos para esperar prudentemente hasta el momento en el que tuviera suficiente material para escribir algo interesante. Explico: Tony y yo pactamos que la entrega de hoy (atendiendo a pedidos) tendría que tratar de sexo. Y como yo vivo en la ciudad que se considera, por obra y gracia de una serie de televisión, un paraíso de la fornicación, me tocaba disparar primero. OK. Pero yo tenía un problema de fondo: como buen y fiel hombre casado, puedo deciros que el sexo en Nueva York no viene siendo muy distinto del sexo de Barcelona... Así que he tenido que lanzar mano de mis viejos estratagemas (el famoso "cuéntame, cuéntame" que tanto le gusta a Monsieur Fernández) para recoger información entre mis conocidos solteros, auténticos protagonistas de la batalla sexual que se libra en las calles de Manhattan...

La primera conclusión a la que he llegado es que la cosa no está nada fácil por aquí. Los estudiantes incluso lo tienen un poco mejor montado - al final, entre tanta fiesta universitaria con bebida barata, algo puede caer si tienes algo de iniciativa y estás dispuesto a hacer de las chavalas extranjeras de paso tu coto de caza. En esto, mis paisanos brasileños casi siempre se sacan un sobresaliente. Con novia o sin novia esperando en casa, ellos vienen aprovechándose de la imagen de "gente alegre" para enredar a mucha europea y sudamericana a base de "caipirinhas". Están en la pole-position (por cierto, ¡viva Alonso!) y trabajan a contrarreloj: el invierno se acerca y la gente de los trópicos empieza a preocuparse con tener calor humano en las frías mañanas de Nueva York...

Los europeos están pasando sin pena ni gloria. Son pocos y no se ponen de acuerdo acerca de señas de identidad comunes que podrían servirles para montar una fiesta aceptable. Como Europa misma. Y los yanquis están en su mundo aparte: enredados en su mundo competitivo, la verdad es que ellos no se llevan bien ni entre ellos. Igual están metidos en sus habitaciones tratando de comunicarse con la gente por su MySpace o Facebook, o cuidando de sus "yos" virtuales (ahora hay unas páginas web que te permiten vivir una vida alternativa, como el juego de los Sims). A veces alguno aparece, pero casi siempre su aparición se debe a alguna chica lista que ya se ha dado cuenta de los LL.Ms no molan y que la buena inversión de futuro es un estudiante de Derecho de tercer año...

Aparte esto, hay cosas que también condicionan la caza sexual entre los universitarios: la primera es el dinero, aunque poca gente habla abiertamente de ello (el rollo "pobre" se vende mal). Como las cervezas te pueden costar entre 6-9 dólares por ahí (sin "tip"), la vida de soltero te puede salir muy cara... Pero es que todo puede salir caro. Si hiciéramos una simulación de lo que puede costar el proceso de la seducción en NY, podríamos tener: a) ir a la fiesta "guay" del fin de semana (taxi, entrada, bebidas y taxi otra vez: 30-40 dólares); b) llevar a una chati a cenar por ahí (en un algún sitio que salga en la guía Zagat como más o menos "fancy"): unos 100-120 dólares, si te atreves a dártelas de caballero e invitar a la dama y si te atreves a tomar vino en vez del agua te ponen grátis...; c) copas en un lounge de SoHo (cerca de la residencia, para facilitar la preparación de la jugada posterior) - 25 dólares. O sea: el sexo se compra caro en Nueva York, y no hay descuentos para estudiantes.

En el mundo de los jóvenes profesionales de NY, el tema debería estar un poco mejor. Al final, hay bastante más dinero en juego. Ya. Pero lo que me han contado es lo siguiente: en las empresas, las políticas respecto del acoso sexual han terminado por poner límites estrictos al flirteo galante entre fotocopiadora y cafetería, y la verdad es que en el trabajo se liga más bien poco. Queda la opción de buscártelo por ahí: al final, hay un montón de bares chulos jóvenes profesionales, y si las tías de Sex and the City se ligaban a medio Upper East Side por ahí, tampoco puede ser tan difícil... Pues no. En palabras de una chica española veterana en NY, la vida sexual en Nueva York es "como Sex and the City pero sin el sex". O sea: que la cosa está bastante mal. O los tíos no te entran o si te entran, están interesados en tu networking... Y nadie quiere joder un buen networking...

Por el momento, este es mi informe sobre la actividad sexual en la Isla. Seguiré preguntando y preguntando por ahí...

Ahora algunos comentarios sobre lo que se viene cociendo en los Estados Unidos:

- Política - la semana pasada, se ha revelado que un diputado republicano de Florida había enviado mails de contenido erótico a chavalines pro-republicanos. En alguno de los mails, llamaba a algún chiquillo "mi semental". Considerando que se trata del partido anti-aborto, pro-vida y anti-gays, podría esperarse una condena enérgica. Pues no. El partido trató de encubrir el escándalo en mejor estilo "cosa nostra". Las elecciones al Parlamento están a la vuelta de la esquina, y mucha gente cree que los Demócratas se harán con el control del Congreso de los Diputados estadounidense. Ya veremos...

- Más política - esa semana se ha publicado el nuevo libro de Bob Woodward, el periodista del Washington Post que en su día fue uno de los artífices de la caída de Nixon. Se llama "State of Denial" y deja a Bush, Condi, Rumsfeld y amigos muy mal parados. Dice que la Casa Blanca tenía información sobre la inminencia de un ataque terrorista antes del 11-S y no hizo nada. Lo más duro es que Woodward escribió, hace algunos años, un libro llamado "Bush at war" en el que hablaba de Bush y a su equipo de una forma mucho más favorable. Por ello, "State of Denial" se ha recibido como una verdadera bomba... Yo lo compraré y lo comentaré en mis próximas entregas...

- Cine - el viernes fui a ver la última película dirigida por Martin Scorsese. Es "The Departed", con Jack Nicholson, Leonardo DiCaprio y Matt Damon. Scorsese vuelve a temas conocidos: mafia, lealtad, etc. No es tan buena como "Uno de los nuestros" o "Casino" pero es mucho mejor que "Gangs of New York" o "El Aviador". He disfrutado muchísimo...

Un abrazo desde Manhattan,

Iván Rabanillo